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jueves, 24 de noviembre de 2011
El flautista de Pontevedra
Siempre he entendido que un músico callejero no es un mendigo, ya que en rigor no ejerce la mendicidad. Ofrece un servicio y aquél que se siente usuario de ese servicio lo compra por unas monedas. Suele ser así. Uno va por la calle, escucha una canción evocadora y echa unos céntimos en el sombrero cuando considera que el intérprete se la merece.
En Pontevedra, como en todas partes, tenemos diariamente un cartel en el que prima la diversidad y la calidad es variable. Hay una violinista que aparece de vez en cuando y creo que es buena en lo suyo; algún que otro guitarrista y un flautista, que es el que nos interesa.
El flautista lleva años, muchos años, interpretando siempre la misma canción, "A Carolina". Es un tema popular, probablemente el más conocido del folclore gallego. Todo el mundo se la sabe salvo el flautista. Uno no puede exigir virtuosismo a un músico callejero, se entiende que no cualquiera es Ian Anderson, pero si el tío lleva años tocando varias horas al día la misma canción es de esperar que termine por hacerlo razonablemente bien. Lo digo a sabiendas de que siempre que lo hace está drogado o está de mono. También Keith Richards pasa la vida drogado sobre los escenarios y no por ello toca mal. En algún momento de su vida, este hombre dio con una flauta y pensó que con esa herramienta podría ganarse la vida y pagarse los vicios. Puede que incluso pensara que acabaría debutando en el Carnegie Hall ante un numeroso público que le haría salir a saludar quince veces tras su actuación y lo despediría arrojando al escenario ramos de flores y sujetadores.
Hay que reconocerle una cualidad, que es la del tesón. Un buen día, al poco de empezar tuvo que comprender que él no había nacido para aquello. No tenía talento, ni ritmo, ni oído. Sólo tenía una flauta y una canción. Nunca ha conseguido tocarla, pues lo que hace es ensayarla una y otra vez, en público, sin vergüenza, aunque él no lo sabe, quizás porque nadie se lo ha dicho. Él cree que la toca de puta madre.
Etiquetas:
Humor,
Ian Anderson,
pontevedra
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