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lunes, 22 de marzo de 2010

Marcial Maciel, la ejemplar vida de un hijoputa.



La Iglesia Católica debe estar a punto de terminar su investigación sobre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y de Regnum Christri. El Papa Benedicto XVI tendrá una ocasión única para demostrar que su pasado como inquisidor o Prefecto de la Congregación pala la Doctrina de la Fe puede tener alguna utilidad, y más ahora que en toda Europa surgen casos de abusos por parte de miembros de su iglesia. Puede empezar así a separar el trigo de la paja y demostrar que la Iglesia será implacable con los delincuentes que tiene entre sus filas que son, supongo, una minoría. De cuantos abusadores ha dado la casa de Dios, el caso de Marcial Maciel es el más sangrante.

El pájaro nació en 1920. Con 20 añitos, poco antes de su ordenación como sacerdote fundó en embrión de lo que sería Legionarios de Cristo. Los abusos y violaciones a menores, mayores, hombres y mujeres comenzaron por esas fechas. Organizó su congregación con todas las características de una secta religiosa. Aparte de los tres votos habituales, a los Legionarios se les imponía un cuarto que les obligaba a confesarse sólo ante un sacerdote legionario. De esa manera, los crímenes de Maciel no salían del cerrado círculo creado por él. A los legionarios de los que abusaba les daba la inmediata absolución para librarlos del "pecado" que acababan de cometer. Así recorría el mundo, fundando seminarios y abusando de sus seminaristas. Un hijoputa, vamos.

Tuvo, que se sepa, media docena de hijos de varias mujeres. A una de ellas, Blanca Estela Lara Gutiérrez, con la que mantuvo una larga relación, le hizo creer que era un detective privado y agente de la CIA llamado Raúl Rivas. Delirante. Tuvo dos hijos con ella, a los que también sometió a sus habituales abusos sexuales.

Era un mentiroso patológico. Un buen día decidió que sus adeptos necesitaban un libro de cabecera. Y publicó su magna obra: "Salterio de mis días", del que vendió un ejemplar a cada miembro o simpatizante. Luego resultó que "Salterio de mis días"  era un plagio de "Salterio de mis horas", un libro escrito por un tal Luis Lucia, cuyos herederos están reclamando con razón las correspondientes reparaciones.

Juan Pablo II cometió un trágico error al dar bola a Maciel. Llegó a decir de él que era un ejemplo para la juventud, a pesar de que las denuncias de los desmanes del descarriado eran de sobra conocidos por la jerarquía de la Iglesia. Juan Pablo era un Papa amante del espectáculo, y Maciel le llenaba los estadios de entusiastas seguidores.

Ese, en resumidas cuentas, fue el ejemplo de Maciel, gran pederasta y violador. Fue también un reconocido yonqui, adicto a la morfina.

Lo más doloroso del caso es que el web de los Legionarios siguen refiriéndose a él como Nuestro Padre. Sería más propio decir: "Nuestro Padre, que abusaba sexualmente de sus hijos". Esperemos que Benedicto haga lo que tiene que hacer, que es disolver a los Legionarios. Con ello hará un gran favor a la Iglesia, a la humanidad entera, a los hijos de Maciel, incluidos los biológicos, y a todas las buenas gentes que pertenecen a su congregación, que algunas habrá, o muchas, y que pueden canalizar su fe desde cualquier otro sitio, que a fin de cuentas, digo yo, si Dios está en todas partes, no necesitan a la Legión de Cristo para encontrarse con Él.

Podremos comprobar también si el discurso teológico y humanista de Benedicto, principalmente en lo que se refiere al relativismo moral, es practicable para la Iglesia Católica o si este Papa, como el anterior, se ha vuelto un acomodado posibilista que se conforma con que le llenen estadios.

El vídeo no tiene desperdicio.