martes, 20 de noviembre de 2012

Isabel Barreto, la pontevedresa que nunca fue Almirante




Teniendo noticias de la pontevedresa Isabel Barreto, de quien se dice por todas partes que fue la primera mujer Almirante de la Historia de España, me propuse conocer al personaje. Dado que los pontevedreses somos propicios al ninguneo de nuestros grandes protagonistas, venía dispuesto a montar un texto reivindicativo, en plan: “Isabel Barreto merece que nuestra ciudad le de el reconocimiento que la Historia le ha negado”, o así.

Y algo de eso puede haber, aunque como veremos tampoco es para tanto. En primer lugar, técnicamente, Isabel Barreto nunca fue Almirante. Ni tuvo ese título, ni nadie la trató como tal, ni ejerció esa función. Punto (y aparte).

Nacida en Pontevedra en 1567, el primer mérito de nuestra vecina fue el de contraer matrimonio en 1585 con el adelantado Álvaro de Mendaña. Mendaña había descubierto anteriormente las Islas Salomón llevando como piloto y capitán de uno de los navíos al también conciudadano nuestro Pedro Sarmiento de Gamboa. Así, Isabel se casó con Álvaro y se embarcó con él en su segunda expedición, que tenía como objeto colonizar las mencionadas islas. No era muy habitual que las mujeres de los expedicionarios embarcaran con ellos, pero el hecho se explica por la propia finalidad del viaje, ya que ambos tenían la intención de quedarse a vivir en Salomón.

En este segundo viaje, iniciado el 20 de abril de 1595, el capitán y piloto mayor de la expedición de Mendaña era Pedro Fernández de Quirós, quien tuvo la feliz idea de escribir una deliciosa crónica del desastroso viaje. Quien quiera conocer los detalles acudirá a “Descubrimiento de las Regiones Australes”, que así se llama la crónica. Pero a los efectos de lo que nos interesa y para abreviar, diremos que el viaje transcurría como todos en la época: con la tripulación siempre al borde del motín y sufriendo grandes penurias. El bueno de Mendaña murió, dejando en el cargo al hermano de Isabel. Pero al poco el hermano de Isabel también murió, con lo que ella quedó como líder de la expedición.

Pronto se le subió el cargo a la cabeza. No era una gran líder. Mientras sus tripulantes morían literalmente de sed, ella disponía del agua potable que quedaba para lavar su ropa. Pedro Fernández de Quirós  le hizo ver que era : “suya la obligación de acortarse para que los soldados no dijesen que lavaba su ropa con su vida de ellos; y que estimase en mucho la paciencia de los que estaban padeciendo, y no quitaban por fuerza cuanto en la nao llevaba; pues gentes hambrientas a veces saben pasar adelante”. Nuestra Isabel respondió cambiando al despensero por otro de mayor confianza.

Los cargos que ostentaba eran los de Gobernadora y Adelantada, lo que le otorgaba el mando sobre todos los tripulantes, pero quien realmente capitaneó la singladura fue el propio Quirós, entre otras cosas porque Isabel Barreto sabía tanto de navegación como de ingeniería aeroespacial: nada. La presencia del piloto fue la que consiguió salvar a todos, ya que además de hacerse cargo de los asuntos de navegación, intermedió en numerosas ocasiones entre los tripulantes e Isabel, consiguiendo a menudo calmar los exaltados ánimos.
Isabel Barreto dio numerosas pruebas de crueldad durante todo el viaje, mostrándose como una mujer inmisericorde. Mandó ahorcar a uno de sus hombres por salir a tierra a por comida, aunque finalmente la sentencia no se cumplió por la intercesión de varios tripulantes, y a otros los dejó morir de hambre o sed mientras ella no se privaba de alimento. Muchos de los conflictos que se generaron durante la expedición fueron causados por su negativa a entregar raciones a la tripulación, incluso en los momentos en que la comida no escaseaba.

El caso es que no encontraron las islas Salomón y pasaron de largo hasta Filipinas. Esa circunstancia impidió a nuestra Isabel ejercer su cargo como Gobernadora. Nunca llegó a serlo más que sobre el papel, y solamente durante algún tiempo, ya que con posterioridad la Corona entregó las Salomón al propio Fernández de Quirós.

Al poco de llegar a Filipinas, Isabel se casó de nuevo, esta vez con Fernando de Castro, sobrino del Gobernador de Filipinas. Pasó el resto de su vida pleiteando sin éxito por que se le devolviera su título de Gobernadora de Salomón y se dice que acabó sus días en Galicia.


5 comentarios:

  1. Saúdo o teu regresso a estas deliciosas crónicas de Pontevedra.
    Grande abraço,
    António

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  2. Caro António:

    Sabes que esos comentarios los agradezco especialmente cuando vienen de alguien como tú, que sabe de estas cosas más que nadie.

    Grande abraço.

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  3. El Alto Mando guarecido en la madriguera de los perjuros le informa que la orange plank road hacia el hada verde está despejada.
    Repito.Despejada.

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  4. Recibido. Pasaremos por ahí para dar buena cuenta.

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  5. Totalmente de acuerdo en lo de que no era Almiranta.El término Almirante no tiene nada que ver con lo que actualmente conocemos. A esta mujer, que su mérito tiene, se le atribuyó ese título de una forma coloquial. Sabido es que desde que se instituyó esta figura del almirantazgo hubo, incluso, almirantes que no habían visto un barco en su vida como es el caso de los Enriquez, figuras palaciegas y que se transmitían el título por simple herencia. Alexandra Lapierre noveló su historia en un libro "Serás Reina del Mundo" en donde juega con esta figura histórica que desde luego le echó valor y coraje al momento que le tocó vivir. Además justo es añadir que esta señora de náutica sabía lo básico, la dirección de los navíos estaba bajo las órdenes de sus pilotos, otra cosa fue la dirección de la "empresa", ahí le tuvo que echar muchos bemoles.

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