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sábado, 2 de octubre de 2010

Breve elogio del dopaje deportivo


Desde el inicio de los tiempos, la especie humana se ha distinguido por especializrse en la búsqueda del complemento óptimo para competir en condiciones de superioridad. Al tío que inventó el arco nadie le dijo que no podía utilizarlo para vencer a su rival, y la Biblia nos cuenta como una gran hazaña la victoria de David sobre Goliat. David utilizó una honda porque era un canijo. De otra manera, Goliat lo hubiese aplastado de un sopapo. El tonto fue Goliat al creer que su simple fortaleza le aseguraba el triunfo. Haber llevado un escudo, o así.

Utilizamos gafas para alcanzar la visión que la naturaleza nos ha negado. Eso nos pemrite competir con el vecino de pupitre que no las necesita, incluso a la hora de copiarle el examen; nos pegamos un pelotazo de cafeína para desayunar y estar al menos tan espabilados como las personas con las que debemos medirnos cada día. Consumimos nicotina y alcohol como animales, y en parte lo hacemos para aumentar nuestro rendimiento, pero eso sí, que a ningún deportista se le ocurra hacer algo ni remotamente parecido.

Las mujeres (y algunos hombres) se maquillan para presentar una imagen adulterada pero más atractiva de sí mismas, y lo hacen para competir.  Competir está en nuestra naturaleza, como sucede con la mayoría de las especies que pueblan el planeta, por otra parte, pero a diferencia de todas las demás, la nuestra es capaz de distorsionar el resultado previsible. Y eso es una ventaja; una virtud, no un defecto. A un ciclista, por ejemplo, se le arruina la vida por doparse, pero no pasa nada si lleva un casco de última generación más cojonudo que el del vecino. Ese casco puede hacerle ganar unos preciosos y larguísimos segundos en una contrarreloj, y eso nos parece bien; pero que no se le ocurra doparse, o hacerse una autotransfusión, o tomarse dos frenadoles porque eso es trampa. Anda ya. Trampa es pegarle un codazo en la cara al que esprinta a tu lado, eso sí, o meterle un motor a tu  bicicleta.

Hay gente que adora a Bukowsy, que estaba todo el día borracho y por eso escribía libros que se vendían. Y nadie dice: "Bukowsky era un tramposo porque recurría al acohol para escribir mejores libros que su vecino Paco López, que con el doble de esfuerzo no consiguió hacer una obra decente a causa de su sobriedad. Leamos a Paco López, que era abstemio". Pues eso. A mí me da igual que un ciclista vaya hasta arriba de EPO si sube un puerto como una bala dejando sentados a sus rivales. Que se dopen ellos también, que para eso  somos humanos y no rodaballos, para suplir nuestras carencias como mejor podamos. Yo no sé si Contador se dopó, ni me interesa. Hizo un Tour de fábula, mejor que sus rivales, que a saber qué llevaban en el cuerpo. Me preocupa más lo que consume un diputado, y nadie les hace análisis a medianoche.

Habrá quien piense que lo que propongo es que alguien juegue con ventaja. Pues eso es exactamente lo que propongo. ¿No juega con ventaja un saltador alemán que se entrena en un centro de alto rendimiento  frente a un afgano que lo hace saltando vallas en su poblado? Pues ya está. De la misma manera que juega con ventaja el tenista que tiene al mejor entrenador. La competición es el arte de utilizar la ventaja. Que no lo digamos es una cosa, pero de ahí a fingir que no lo sabemos hay un abismo.