De repente, en medio de la cena, Rodrigo Cota hace una confesión extraordinaria: -Yo nunca he salido en el Clara Aldán. Yo pienso que la gracia de Clara Aldán es esa: su obcecación con los ojos más bonitos de la Ría y el desdén hacia el maestro Cota. Pero entiendo que a él, que se lee Diario de Pontevedra hasta el hueso, le duela. Este periódico es impredecible. -Yo te hago negrita, Rodrigo. Donde sea. Cota ha vuelto de Hollywood, donde fue tratado como un mariscal. Mansión, secretaria, berlina de cristales oscuros y un traductor que le seguía a todas partes. Un día que se le acababa el tabaco de liar vino su asistente, le hizo una foto a la marca que fumaba y al cabo de media hora volvió con treinta especies diferentes de tabaco. (...)
Este sábado volvemos a Ribeira, al Ateneo Valle-Inclán. Una velada literaria de zombis y columnas, como debe ser. Casi todo en esta vida tiene una explicación.
La última vez que estuvimos allí eran Manel Loureiro y Manuel Jabois los que me presentaban a mí, que iba con "La loca historia de Pontevedra". Quedamos emplazados a una nueva visita que se produciría en cuanto alguno de los tres tuviese nueva obra. Yo me autoexcluí pronto de la carrera, primero porque no me tocaba y luego porque mi próximo libro entra en imprenta en un par de semanas y no estará listo hasta bien entrado julio. No tenía la menor oportunidad.
Pero Jabois y Loureiro comenzaron a mirarse de reojo. Loureiro tenía ante sí cientos de páginas en blanco de su libro "La ira de los justos" (Plaza&Janés) y lo de Jabois era igual de complicado: decidir cuáles eran las mil columnas que debía descartar para "Irse a Madrid" (Pepitas de Calabaza). Ambas son obras de dos talentos bien distintos y bien grandiosos, pero sobre todo son fruto de una carrera desenfrenada por llegar primero a Ribeira. Durante estos meses, cada vez que tuve oportunidad de hablar con uno de ellos me preguntaba por el trabajo del otro: "¿Cómo va el libro de Jabois?" "¿Le falta mucho a Loureiro?" Yo siempre les decía que el adversario estaba terminando. Entonces miraban fijamente a su copa, meneaban la cabeza y decían en tono así como reflexivo: "¡Qué cabrón!"
La lucha fue seguida con expectación en Ribeira, desde donde Antonio Lijó me llamaba cada poco: "¿Quién publica antes?"
Como todas las batallas épicas, ésta se resolvió con photo finish. Los dos libros salieron de imprenta la misma semana, puede que el mismo día y en el mismo minuto. Por eso vamos a Ribeira a hablar de columnas y de zombis: porque al menos es este caso los zombis y las columnas guardan una estrecha relación.
A mí me toca presentar a Jabois. No sé cómo voy a presentar a Jabois en Ribeira. Allí lo conocen tan bien que igual me lo presentan ellos a mí.
Seguidamente veremos el vídeo en el que Jabois y Loureiro celebran el empate. Éste será el himno de nuestra febril noche de sábado.