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sábado, 20 de agosto de 2016

Rafa Córdoba






Hace no sé cuántos años, un día, conocimos todos a Rafa Córdoba. Apareció por Pasarón con su megáfono y empezó a incordiar. Se metía con los árbitros, con los entrenadores, con los presidentes, con los linieres, con los jugadores que calentaban en la banda, con los concejales que iban al palco. En cosa de dos o tres partidos, era un personaje imprescindible. Y aparecía después en el Entroido, en la Feira Franca o en cualquier oro evento. Empezamos a quererlo mucho antes de saber quién era. Pasó de ser un vecino como cualquier otro a convertirse en una de las personas más apreciadas de la ciudad.

Hace unos siglos, los bufones eran personas tan respetadas que se institucionalizaban. Los reyes tenían en la Corte a bufones oficiales y les ponían un sueldo grandioso. No es que tuvieran el derecho de reírse de los poderosos; era su deber. Les pagaban por ello cantidades obscenas. Con el tiempo, su papel se fue desdibujando y el bufón, como luego el payaso, se convirtió en un personaje despreciable. La explicación es sencilla: mientras el bufón era mantenido y designado por el rey, sus bromas eran permitidas y escucharlas era obligatorio. A medida que la democracia fue avanzando, los objetivos del bufón fueron adquiriendo poder y el bufón fue perdiendo influencia en la misma medida en que la ganaban sus víctimas.

Para Pontevedra, la entrada de Rafa Córdoba supuso la reaparición del bufón: el personaje que se ríe de todos y todas, sin distinguir entre colores, ideologías o géneros. El buen bufón, que además no se fija en quién se sonroja más o menos. Cuando Rafa se sienta a tomar un café y habla de cómo funciona el humor, se pone tan serio como cuando Filgueira Valverde hablaba de Historia o Bóveda (bendito Bóveda, que hoy lo recordamos), hablaba de nacionalismo. Para Córdoba el humor es importante, y cuando todos tiemblan al verlo aparecer, temiendo ser su próximo blanco, él es el hombre más feliz del planeta. Rafa Córdoba es un bufón vocacional que jamás ha pedido nada a cambio de hacernos reír, un bufón callejero y gratuito que nos pone frente a un espejo y nos dice quiénes somos y nos explica el porqué.

A Rafa Córdoba lo queremos por eso, porque nos enseña tanto sobre nosotros, porque nos retrata, porque sabe reírse de los demás como de sí mismo; porque otros cobramos por hacer lo que él hace gratis; porque es la persona más honesta que ha dado esta ciudad. Porque, según la edad que tengamos, lo apreciamos como a un hermano, como a un marido o como a un hijo. A Rafa sólo podemos odiarlo durante un par de segundos, cuando nos convierte en su objetivo, pero lo amamos el resto del tiempo. Rafa nos ha devuelto a la era de bufón. Yo solamente quiero llegar a ser Rafa Córdoba algún día, el mejor bufón de la Corte, el más talentoso, ocurrente y cariñoso.





sábado, 16 de enero de 2016

Fray Antonio no hacía milagros



Lo conocimos en Pontevedra como Antonio del Águila, aunque fue bautizado en 1424 como Antonio Torriani. El apellido Águila se lo pusimos aquí por ser natural de la localidad italiana de Aquila. Apareció en Galicia hacia 1464. Tras haber cursado estudios de humanidades y medicina en la universidad de Pavia decidió hacerse fraile agustino. Y luego, ya con 40 años, una edad que en su época casi lo convertía en un anciano, entró aquí como un extraño, peregrinando desde Italia hasta Compostela.

Eran tiempos en los que la ciencia estaba reñida con la religión. Notable médico y cirujano, una vez aposentado aquí, Fray Antonio decidió recorrer de ida y vuelta, una y otra vez, el camino entre Compostela y Pontevedra, siempre a pie, curando a los peregrinos y a cualquier otro doliente al que se pudiera encontrar. Todos acudían a él, pues pronto adquirió fama de sanar a enfermos que otros médicos daban por perdidos. Al poco de llegar a Pontevedra se extendió la noticia de que sus curaciones eran milagrosas. Él lo negaba indignado, diciendo que eran sus estudios en Pavia, sus muchos años de práctica y algunas técnicas que había desarrollado por su cuenta los que le permitían curar a sus pacientes, pero nadie le creía. Sus curas eran milagrosas, Antonio del Águila tenía un don divino y punto. Cuando un paciente se le moría era porque Dios había decidido no obrar el milagro.

Los médicos de Pontevedra y Santiago pronto se enemistaron con él, por varios motivos: no cobraba por sus servicios, era mejor que ninguno y obraba milagros, lo que lo convertía en un competidor desleal. Comenzaron a prohibirle la entrada en posadas y hospitales. Águila tuvo que pedir una licencia al arzobispo Fonseca, que se la concedió, convencido también él del carácter milagroso de sus métodos. Cuando extirpaba un tumor, como buen fraile, hacía sobre la frente del doliente la señal de la cruz, y el paciente curado salía de ahí contándole a todo el mundo que lo que lo había sanado era la bendición, no la cirugía. Así pasó el hombre seis años por aquí, tratando de convencer a todo el mundo de que no hacía milagro alguno sin que nadie le hiciera caso.

Un buen día él mismo sufrió una enfermedad que le provocó una cojera permanente y por más que explicó cuál era el origen de la enfermedad y los motivos de su cojera, todos creyeron que era una prueba divina. Comenzó a caminar apoyado en un báculo que según todo el mundo era un báculo que le había dejado Dios. Al pobre fraile le indignaba aquella insistencia en el carácter milagroso de todo lo que le rodeaba. Cuanto más se esforzaba en negarlo, más insistían todos, que achacaban esas negativas a un exceso de humildad que impedía al fraile reconocer que era Dios quien curaba a través de su elegido.

Por fin se fue de Pontevedra. Desde su orden lo mandaron de vuelta a Aquila y allá se fue caminando de vuelta, convencido de que dejaba en Pontevedra su fama de santo milagroso, entre otras cosas porque aquí se extendió la noticia de que no eran los agustinos quienes lo mandaban marchar, sino una revelación divina que había recibido en sueños. Se equivocaba. Llegó a Italia y la fama había llegado antes que él. Plantó un olivo y la gente iba allí, a rezarle al olivo, mientras él los miraba perplejo y les pedía que dejaran de hacer el ridículo. Los médicos italianos eran como los de Pontevedra. Un día, cuatro de ellos decidieron matarlo y planearon una emboscada en el camino a la iglesia a la que acudía cada domingo. Antonio del Águila llegó antes que ellos. Los cuatro médicos, que no sabían que el hombre llevaba más de dos horas en el interior del templo, se convencieron de que había pasado ante ellos pero no lo habían visto porque se había hecho invisible. Entraron en la iglesia y llorando de rodillas le pidieron perdón. Y por más que el fraile explicó ante todos los presentes que él no se había vuelto invisible, que simplemente aquel día había llegado antes, nuevamente nadie le creyó, por lo que tuvo que pasar el resto de su vida como un hombre capaz de volverse invisible. A su paso los vecinos hacían reverencias y se santiguaban mientras él insistía una y otra vez en que ni era un santo, ni hacía milagros, ni se volvía invisible, ni su báculo era sagrado, que se lo había dado un peregrino en Compostela. Que simplemente era un buen médico. Dio igual. Todos seguían yendo a rezarle al olivo y venerándolo como a un santo mientras el pobre hombre se desesperaba.

Murió a los setenta años sin convencer a nadie de nada. Su tumba se convirtió en lugar de peregrinación y aquel olivo que había plantado también. Para colmo, lo hicieron beato. Tuvieron que pasar varios siglos hasta que se le reconociera como uno de los mejores médicos de su tiempo, aunque él nunca lo sabrá. Lo verdaderamente milagroso es que, en vida, no consiguió convencer a nadie de que era totalmente incapaz de obrar un milagro.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Pero no pudo jugar: la estaban violando




Estábamos, no mucha gente, el miércoles pasado en un acto contra la violencia machista, creo que organizado por la Plataforma Feminista, en A Peregrina. Dado que aquello se celebraba en el más absoluto silencio, todos pensábamos en lo que aleatoriamente nos venía a la cabeza, que entiendo era la finalidad del asunto, mover a la reflexión de la concurrencia.

Pues a mí lo que me vino a la mente fue el día en que los Payasos de la Tele vinieron a Pontevedra. Gaby, Fofó y Miliki, tal vez ya con Fofito, que mi memoria no llega a tanto, actuaban en el Pabellón y toda la infancia pontevedresa, entre la que me encontraba, estaba en ascuas. Llegado el día, con el local abarrotado de felices padres y madres, niños y niñas, los artistas interpretaron una de sus canciones más celebradas, ‘Los días de la semana’, que contaba la historia de una niña que nunca podía jugar porque tenía otras cosas que hacer, según el día: los lunes tenía que planchar, los martes limpiaba, los miércoles lavaba, luego cosía, barría, guisaba, y al llegar el domingo, obviamente, rezaba. Al llegar al estribillo, Fofó iba sacando alternativamente los elementos necesarios para realizar esas labores y todos con él hacíamos ademán de planchar o de barrer mientras cantábamos: “Así barría, así, así, así barría que yo la vi”.

Eso fue en los años setenta, con Franco todavía vivo, o quizá agonizando o recién muerto, no lo recuerdo. La canción aquella, que contaba la terrible historia de una niña que pasaba todos los días de todas las semanas de su vida haciendo todo aquello contra su voluntad y su naturaleza, era una de las que más nos divertía. Obviamente los payasos no eran sospechosos de ser machistas, pues su trabajo era precisamente el de llevar la felicidad a los hogares de una España tan terrible como la letra de su canción. Simplemente, ni ellos ni nosotros sabíamos lo que estábamos haciendo, que era otorgar a la mujer el rol de sumisa ama de casa, algo para lo que debía prepararse desde niña, como esclava, pues ésa y no otra habría de ser su función en la vida.

Pero luego, con la llegada de la democracia, la cosa no mejoró o incluso fue a peor. Toda España adoptó como himno de la Transición, de las libertades y de la reconciliación un tema de Jarcha, ‘Libertad sin ira’, que en una de sus estrofas dice esto: “Pero yo sólo he visto gente que sufre y calla. Dolor y miedo. Gente que sólo desea su pan, su hembra y la fiesta en paz”. La “gente” eran los hombres que querían vivir la vida tranquilamente, sin ser oprimidos, junto a sus “hembras”, que lógicamente los lunes planchaban, los martes, limpiaban, y así. Lo más desgraciado del asunto es que aquella letra era la que reflejaba las esperanzas de millones de españoles en la reconciliación y en la llegada de una vida, al fin, plena de derechos para todos (aunque no para todas).

Mas tarde, ya en los ochenta, disfrutamos la Movida Viguesa yendo a conciertos de Siniestro Total y coreando alegremente temas como éste: “Hoy voy a asesinarte, nena, te quiero pero no aguanto más. Hoy voy a asesinarte, nena, no me volverás a engañar”. Por aquella misma época, todos y todas recorríamos los pubs de Pontevedra y de toda España bailando una magnífica canción de los Ronaldos: “Estás haciendo mal al dejarme pasar; estás haciendo mal y no sé lo que va a pasar. Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte hasta que digas sí”.

Nos enamorábamos con ‘Una de dos’, el temazo de Aute que bailábamos arrejuntados mientras nos contaba la historia de un hombre que acudía a la pareja de la mujer deseada proponiendo compartirla, sin que la mujer tuviera conocimiento del asunto: “O me llevo a esa mujer o entre los dos nos organizamos, si puede ser”. Por si la propuesta no era aceptada, ofrecía una alternativa espantosa: “Una de dos. O me llevo a esa mujer o te la cambio por dos de quince, si puede ser”.

No hace falta documentarse demasiado, pues los casos son infinitos. Tampoco es necesario buscar ejemplos en el reguetón, en el rap o en el vallenato, ni acudir a artistas especialmente transgresores. Basta con tirar de memoria y salen nombres de grupos famosísimos que interpretaban temas de éxito y que copaban las listas de ventas. Un Pingüino en mi Ascensor, por ejemplo, un grupo muy cursi, muy pijo y muy malo, alcanzó la fama con una melodía festiva que contaba alegremente una violación en un ascensor. Tras advertir a la víctima de la inutilidad de pulsar el timbre de alarma y notificar que sus padres no la van a oír por mucho que grite, continúa el cantante: “Deja de llamar a la portera, contigo no hay manera. Yo que puse toda mi ilusión en esta violación”. 

Podríamos seguir hasta la eternidad. Los Planetas: “Así que ya sabes que espero que acabes pegándote un tiro cuando veas lo imbécil que has sido”. Platero y Tú con una canción que empieza así: “Me ha cogido la madera, a mi novia yo he matado. No saquéis fotografías, tengo el cuerpo ensangrentado”, y termina a lo grande: “No quiero que con su sangre puedas escribir mentiras. La maté porque la amaba. La maté porque era mía”. Es que el tema es una crítica a los periodistas, no al asesinato machista. The Refrescos, conocidos por ‘Aquí no hay playa’, interpretaban ‘Te pego una paliza que te vuelvo loca’, explícito título de un tema en el que se dice: “Te rompo las piernas, te parto la boca, te pego una paliza que te vuelvo loca”. Loquillo saltó al estrellato definitivo con ‘La mataré’: “Sólo quiero que una vez algo la haga conmover. Que no la encuentre jamás, o sé que la mataré. Por favor, sólo quiero matarla a punta de navaja, besándola una vez más”.

No me parece a mí que estos artistas, o la mayoría de ellos, sean culpables de nada de lo que no seamos culpables todos. Son transmisores de un mensaje y de una realidad que pervive en una sociedad que ha recibido la educación que ha recibido. No soy partidario de censurar nada ni a nadie. Si ellos han tenido éxito cantando estas cosas es porque todas y todos las hemos consumido. Hemos disfrutado y lo seguimos haciendo al escuchar y bailar temas que alaban palizas, abusos, violaciones y asesinatos de mujeres, y lo mismo o más podríamos decir del cine o de la publicidad que vemos a diario desde siempre. La mayoría de estos temas son clásicos y se seguirán escuchando durante décadas. Baste ver las visitas que estas canciones tienen en Youtube. Lo grave es que no generen rechazo obras que enaltecen la violencia machista. Imaginemos qué pensaríamos si cualquiera de estos artistas lanzara una canción que dijera algo así: “Cogeré una mochila llena de explosivos, la meteré en un tren y mataré a toda tu familia en Atocha, en el nombre de Alá”. Igual eso no lo bailábamos entre carcajadas. Pues ya está.





lunes, 21 de septiembre de 2015

Francisco Javier Brabo. El pontevedrés que supo arruinarse



“Hijo de un recordado negociante de Pontevedra, diome éste, en su clase, tan buena educación como pudiera recibir el vástago de la más noble y rica familia”.  Así empieza a contar su historia Francisco Javier Brabo Franco. Lo cierto es que su padre no es precisamente recordado en Pontevedra, pero inexplicablemente tampoco lo es él, sin género de dudas, el pontevedrés más ilustre de su generación. Abandonó la ciudad en 1842 con 17 años.

Cuando se disponía a dirigirse a Santiago para continuar con sus estudios, la muerte de su madre trastocó los proyectos familiares y con solamente un violín, una caja de pinturas y doscientos pesos, su padre lo embarcó solo hacia Montevideo y se estableció en Canelones, un pueblo cercano. A los 21 años, cuatro después de su llegada, era un famoso militar y diplomático, y eso que los primeros dos años los pasó esclavizado, trabajando 16 horas al día en una tienda en la que también comía y dormía. “En 21 meses no salí de allí más que una vez a la calle”. Fue militar, político, diplomático, empresario, especulador, explorador y filántropo. Su vida desde que dejó aquella tienda fue una montaña rusa de éxitos y fracasos, de ruina y fortuna. Nadie supo arruinarse tanto y tan bien como Francisco Javier Brabo.

Salió de Canelones a Buenos Aires para no hacer el servicio militar. Allí vendió un cargamento de pólvora. Descubierta su participación en los suministros, Brabo se vio obligado a escapar de nuevo, caracterizado como un marinero y con una botella de ginebra en las manos para dar credibilidad al papel. De vuelta en Montevideo, empezó su carrera diplomática al entregar en Paraguay los documentos con los que el Estado Oriental reconocía su independencia. En adelante, fue uno de los principales negociadores, especialmente con Francia, Inglaterra y Brasil.

Brabo empezó también su carrera militar. El general Rivera lo puso a combatir, y le dio una catarata de ascensos hasta que con 21 años lo nombró teniente coronel. Aprovechó sus contactos para, entre batalla y batalla, hacer negocios suministrando todo tipo de material al ejército: comida, armas, caballos. Por aquella época tuvo a sus órdenes a Garibaldi, más tarde artífice de otra unificación, la italiana.

Había adquirido ya tal fama que tras participar en la Batalla de las Ánimas, el enemigo publicó una nota anunciando su muerte: “El salvaje unitario Francisco Javier Brabo quedó muerto en la sierra de las Ánimas”. Él lo desmintió de una manera curiosa, firmando con su nombre otro comunicado: “Hemos sido completamente derrotados, y hasta esta hora, que es la una de la noche, sólo cincuenta hombres han llegado a este punto”. Lo hizo para transmitir a su familia que estaba vivo y porque, como reconoció años después: “Por temperamento y carácter, soy mas aficionado a contar reveses que hazañas”.

Harto de jugarse la vida en batallas decidió presentar su dimisión para dedicarse por entero a los negocios, pero no se la aceptaron. Finalmente, con la ayuda de la embajada española, consiguió abandonar el ejército y la política, pero al poco tiempo fue primero apresado y luego desterrado a Brasil. En un subcontinente en el que todo eran guerras y revoluciones, gracias a sus numerosos contactos, su capacidad negociadora y su facilidad para conseguir suministros a los ejércitos, Brabo aumentó su fortuna de manera considerable. Alternaba épocas de trabajo interminable con otras de vagancia y fiestas a las que acudían todos los artistas y vividores de Río de Janeiro.

En 1851, con 26 años, invirtió todo lo que tenía en un formidable buque, pero la nave y todo su cargamento se hundieron durante su primer viaje a causa de un temporal, dejándolo en la miseria. Fue la primera vez que Brabo se arruinó. Tras liquidar todas sus propiedades y cubrir sus deudas, se quedó con 100 pesos, la mitad del dinero con el que había llegado a Montevideo desde Pontevedra nueve años antes.

También tenía una máquina de picar tabaco que tiempo atrás había comprado para ayudar a un amigo y con la que se reencontró casi de casualidad. Volvió a Montevideo: “Agarreme con fe a mi máquina, hícela colocar en una cochera y comencé personalmente a trabajar en ella”. En pocos meses levantó una pequeña fortuna, dejó el tabaco y volvió a los negocios de suministros militares. Fletó dos barcos: uno también se le hundió y cuando llegó con el otro a vender su mercancía al ejército que sitiaba Buenos Aires, éste se había retirado, con lo que nuevamente quedó en la miseria. En esta ocasión sólo le quedaron cuatro pesos.

No teniendo otra cosa que los cuatro pesos y “mi consabida máquina”, arrancó de nuevo su industria tabaquera. En poco tiempo “manejé millones y llegué por fin a verme rey de los tabacos, tanto del Brasil como del Paraguay”. Tras diez años como rey del tabaco volvió a arruinarse. Cada vez que lo perdía todo mandaba a su familia a Buenos Aires, donde tenía casa. Mantenía a su padre, al que se había traído desde Pontevedra, a su esposa, a sus ocho hijos y a un par de hermanos con sus respectivas familias.

Continuó enriqueciéndose y arruinándose con sus negocios de suministros militares hasta que consiguió una concesión multimillonaria y decidió venderla para no volver a arriesgar la inmensa fortuna conseguida. Viéndose más rico que nunca, rico para siempre, viajó a Europa. Si en algún momento volvió a pisar Pontevedra fue durante unos meses que pasó entre España y Portugal. Afincó en Alemania primero y luego en París. Invirtió en una ruinosa línea telegráfica que unía Europa con América y se hundió de nuevo: hizo primero una inversión en bolsa utilizando información privilegiada. Confiesa que gracias a conocer un “importante secreto de gabinete, hice una operación bursátil que me dio a ganar muchos miles de pesos”. Alentado por lo fácil que había sido ganar aquel dinero, se lanzó a la especulación y volvió a perderlo todo.

Vendió otra vez cuanto tenía, se trasladó a Madrid e hizo donación al Archivo Histórico español de más de 30.000 documentos que había ido coleccionando en las misiones jesuitas abandonadas, asunto al que era gran aficionado y sobre el que escribió varios libros, en uno de los cuales incluyó una breve autobiografía. Esa donación le valió el nombramiento de caballero de la Real Orden de Carlos III. Nuevamente en Sudamérica consiguió el que podía ser el mayor negocio de su vida: un contrato para explorar y colonizar todo el oriente boliviano. Debía construir caminos, puentes y vías de ferrocarril y fundar varias ciudades, la mayor de las cuales se llamaría Brabopolis. Contrató como mano derecha al ingeniero agrónomo Juan de Cominges, otro personaje.

El proyecto fue un desastre. Primero, el ingeniero lo abandonó para irse a vivir con unos indígenas y estuvo varios años haciendo “vida enteramente primitiva con los selvícolas”, según cuenta una crónica de la época. Cominges volvió luego a la civilización, donde escribió un libro titulado ‘Exploraciones’, en el que contaba su experiencia como selvícola. Antes de morir, Cominges dejó una absurda nota manuscrita dirigida a su hijo: “Antonio: no resistiré otro golpe de tos”.

Aparte del abandono de Cominges, sufrió el acoso de los indios, las fiebres que constantemente padecían sus empleados, la deserción de los inversores y finalmente la retirada del contrato por parte del gobierno boliviano. Arruinado por última vez, pasó sus últimos años haciendo modestos negocios y contando en una tertulia toda su vida a quien la quisiera escuchar. Murió en 1913, a los 88 años. Un periódico local recogió así la noticia en Vigo: “Ha fallecido en Buenos Aires el más ilustre, el más insigne de los gallegos de América, el señor don Francisco Javier Brabo. Nacido en Pontevedra, figura en la historia de la República Argentina, Bolivia, Paraguay y otras de América del Sur. Explorador, colonizador, empresario de ferrocarriles, eximio emprendedor... La figura de Brabo es gigantesca”.

De sus raíces pontevedresas sólo podemos decir que fue pariente del pirata Benito Soto y sobrino de un abogado y escritor, José Ramón Franco, que solamente publicó el primer capítulo de una novela extrañísima, escrita mitad en gallego y mitad en castellano. La obra se titula ‘Aaaaaaa!’. Nadie la leyó.


martes, 1 de septiembre de 2015

Zoltan, el hombre más rico del mundo






 Un día de 2009, un señor encontró en un desván de la casa familiar varios documentos antiguos. La mayoría eran del S. XVIII en adelante, por lo que con cierto esfuerzo pudo descifrarlos. Compras y ventas de fincas, casi todos, testamentos y entregas de dotes matrimoniales que consignaban el antiguo esplendor de la familia. Pero entre todos aquellos papeles había uno demasiado antiguo, imposible de leer. Tras preguntar en varios sitios, alguien le dijo que en Pontevedra vivía un hombre llamado Zoltan que podría ayudarle con la lectura de aquel texto. De vez en cuando venía alguien a ver a Zoltan para pedirle transcripciones. Le dio su número.

El señor llamó a Zoltan y acordaron verse al día siguiente en Pontevedra, frente al Froiz de Benito Corbal. Cuando llegó allí no vio a nadie más que a un hombre pidiendo limosna, así que se quedó esperando, mirando impaciente el reloj, prudentemente apartado del mendigo por si acaso. Pasaron unos minutos sin que por allí apareciera nadie. Sólo gente que entraba y salía del supermercado y aquel hombre inmóvil que extendía la mano aceptando limosnas. Por fin se le acercó el mendigo:

-¿Está usted buscando a Zoltan? –preguntó.
-Sí –contestó el otro asustado.
-Buenas tardes. Yo soy Zoltan. Vamos a ver ese texto.

Los dos hombres se encaminaron hacia la terraza del Carabela. El propietario del documento miraba a uno y otro lado, convencido de que en cualquier instante el mendigo sacaría una navaja para robarle el pergamino y todo lo demás. Zoltan no sacó ninguna navaja. Se sentó a una mesa, pidió una copa, cogió el documento y empezó a leerlo como si fuera un periódico:

-Tome nota. Dice así: “En la villa de Noia, a 18 de febrero de 1568, ante mí, Rui López, notario de la dicha villa y siendo testigos…”.

Cuando terminaron, el otro recogió el documento y preguntó a Zoltan cuánto le debía.

-Pídame otra copa, pague la cuenta, déjeme su paquete de tabaco si puede ser y estaremos en paz.

Zoltan Varga-Haszonits, filólogo por la Universidad de Budapest, se había establecido años antes en Pontevedra con una novia que murió poco después de cáncer. Muerto él también de amor, acordó quedarse aquí como artista callejero. En la plaza de A Peregrina, tras la estatua del loro Ravachol exhibía contra la pared sus dibujos, estampas de calles, plazas e iglesias. Cuando llegó la crisis se llevó por delante su negocio como tantos otros. Una cadena de televisión emitió un día un reportaje en el que se le preguntaba a alguna gente si España estaba entrando en crisis. Uno de los entrevistados era Zoltan, que decía con tristeza que sí: “Ya nadie compra mis dibujos. La gente no tiene dinero”. Se lo comenté un día por la calle y me explicó cómo se detecta una crisis económica: “El mejor indicador lo encontramos al comprobar que un producto es más caro o más pequeño que antes, lo que viene a ser lo mismo, y ya no se puede pagar. Si eso le pasa a una persona, está en crisis esa persona. Si le pasa a todo el pueblo, está en crisis un país”. A Zoltan, más que las ventas que perdía, le atormentaba que la gente que apreciaba sus cuadros no pudiera pagarlos. Un mal día una lluvia repentina le echó a perder gran parte de su obra. Decidió entonces languidecer con sus clientes. Empezó a fotocopiar sus propios dibujos y a vender las copias a cambio de la voluntad, a veces ofreciéndolas a quienes venían a que les leyera documentos antiguos, como pago del favor, con las copas y el tabaco. Fue por aquella época cuando se trasladó a Benito Corbal y cambió los lápices por la limosna. No volvió a pintar.

Además de su húngaro natal hablaba esperanto, arameo, griego clásico, latín, gallego, italiano, catalán, castellano y algunas otras lenguas. Sus aptitudes para el arte eran heredadas de su madre, pintora. Su padre, militar, había sido mandatario y uno de los máximos responsables del fútbol húngaro. Gracias a eso, durante el Mundial del 82 pudo Zoltan salir de ahí y acabar en algún lugar de España. Casi nadie estaba al corriente de aquello, pues no hablaba fácilmente de sí mismo ni de su pasado. Yo supe por pura casualidad que él era el autor de un artículo publicado en el Anuario Brigantino: ‘Los Andrade: una bibliografía histórica’. Se trata de una recopilación de fuentes y una revisión genealógica de la familia Andrade, una de las más poderosas de la Galicia medieval, un trabajo realizado en el Arquivo Histórico de Betanzos, donde Zoltan vivió varios años. Hoy nadie se atreve a escribir sobre los Andrade sin citar el trabajo de Zoltan.

Un día le dije que con todas aquellas habilidades podía ser rico. Claro que él sabía que podía hacer trabajos de traducción, cobrar por aquellas transcripciones, colaborar con alguna universidad, publicar más ensayos o dar conferencias. No quería. “No es el dinero lo que te hace rico”, fue su respuesta.

Cuando murió en marzo de 2010, con 62 años, casi nadie se dio cuenta al principio. La primera noticia la dio este periódico varias semanas después. Luego el Xornal de Betanzos le dedicó otro artículo. Transcurrido casi un año se supo que el periodista mallorquín Emilio Manzano, conmovido al saber de la muerte de Zoltan, había contactado con el escritor Juan Pablo Caja, quien había publicado la novela ‘Cerveza caliente’, uno de cuyos protagonistas está inspirado en Zoltan. Los amigos mallorquines de Zoltan contaron de sus estancias en Palma, en Italia, en Barcelona y en Asturias antes de su llegada a Galicia. También que habían hablado con una hija que vivía en Madrid para darle cuenta de su muerte. Le facilitaron contactos en Pontevedra, pero ella jamás llamó. Al parecer no tenía fuerzas para conocer detalles sobre la estrecha y fructífera relación de su padre con el alcohol, de cómo había pasado sus últimos meses vendiendo fotocopias baratas de sus dibujos callejeros y pidiendo limosna junto a un supermercado.

“Siempre tuve gran facilidad para aprender idiomas, retener datos, asimilar conocimientos”, decía alguna vez Zoltan, “pero eso no sirve de gran cosa. Se cultiva uno más en cinco minutos viendo llover o contemplando una estrella de noche que en toda una vida de estudio”. Zoltan había comprendido el sentido de la vida y no le gustaba. Se dejó morir. La hija se equivocó al no llamar: no sabe que en Pontevedra no se ha visto escena más digna que la de Zoltan Varga-Haszonits, artista, filólogo, políglota, historiador, mendigo sabio y hermoso, agachándose para recoger del suelo una colilla abandonada.


lunes, 31 de agosto de 2015

Catalunya, Conrado y los reptilianos



Hay gente que lleva alarmándonos tanto tiempo con eso de que España se rompe que como al final no se rompa algunos van  a quedar mal. Aunque no desean que España se rompa, lo necesitan para tener razón. Al hilo de este asunto, puedo referir el caso del físico Conrado Salas. Conrado es el mayor defensor en España de la teoría de los reptilianos, según la cual el mundo está gobernado por reptiles. En cuanto al fondo de la cuestión, todos sabemos que, en efecto, el mundo está gobernado por reptiles, pero Conrado sostiene que son reptiles de verdad que adoptan forma humana, como los lagartos de V. Según eso, todos los reyes y presidentes pertenecen a una estirpe de lagartos inteligentes, instalados en nuestro planeta desde siempre y que utilizan a los humanos para esclavizarlos. Para conocer más sobre el asunto, quien esté interesado o interesada podrá buscar “reptilianos” en Google. Hay millones de páginas y vídeos.

Un día llamé a Conrado para hacerle un reportaje. Lo primero que le pregunté, en vista de que él sostiene que la familia real española es reptiliana como todas las demás, y dado que mis conocimientos sobre lagartos son básicos pero certeros, le pregunté, decía, si el entonces príncipe y hoy rey, don Felipe VI de Borbón y Grecia, había nacido de un huevo depositado por su madre, la majestuosa reina doña Sofía Margarita Victoria Federica de Grecia y Dinamarca. La pregunta me parecía necesaria, pues si un defensor de la teoría reptiliana no puede empezar por explicar eso, difícilmente podrá explicar todo lo demás. El reportaje no salió adelante. Conrado Salas se enfadó mucho, me dijo a gritos que yo era un idiota y un ignorante, algo en lo que coincide media Pontevedra empezando por mi señora, añadió que toda la prensa está vendida y que la democracia es una farsa e interrumpió abruptamente la conversación. Me colgó el teléfono, no sé por qué, si estábamos de acuerdo en todo.

No pude hacerle la segunda pregunta: qué pensaba hacer él si un día los reptilianos se deciden a salir de sus disfraces de humanos y comernos a todos. Yo creo, y con esto volvemos al principio, que Conrado no desea que eso suceda, pero mientras no suceda todos seguirán creyendo que está loco y que los destinos del planeta no están regidos por lagartos malos sino por personas malas, lo que a fin de cuentas no marca tanta diferencia. La cuestión es: ¿Tiene Conrado un plan para actuar ante esa eventualidad? La comparación es pertinente. Imaginemos que España se rompe. Eso dejaría en buen lugar a los que llevan toda la vida anunciándolo y que quedan mal mientras su previsión no se cumple. Pero una vez cargados de razón, ¿qué harán? Si Catalunya declara su independencia y rompe Espanya, ¿cómo lucharán contra ello?

Yo tengo un dilema parecido. Llevo seis meses anunciando que la Marea de Pontevedra se rompe. Que salta por los aires de un momento a otro, algo que en virtud del tiempo transcurrido empiezo a temer que no ocurrirá jamás. Pero tengo un plan, tanto para si eso sucede como para si no sucede. Si la Marea salta por los aires, publicaré que eso ya lo venía yo anunciando desde hacía meses; si no salta por los aires haré como siempre, que es pasar del tema. Total, para mi fortuna lo que yo publico cada domingo ya está olvidado al domingo siguiente.

Pero los agoreros de la ruptura necesitan un plan, como Conrado. Igual lo tienen pero no lo dicen. ¿Meterán en la cárcel a todos los diputados independentistas de Junts pel Sí, con Artur Mas y Oriol Junqueras a la cabeza? ¿Llenarán Catalunya de tanques? ¿Registrarán las sedes de Convergencia? Algo deberían estar pensando por si se da la circunstancia de que Espanya se rompa. Lo que parece claro es que lo temen tanto como lo desean, pues mientras los otros hacen campaña por el sí, ellos la hacen por el no, en reconocimiento explícito de que lo que realmente se decide en Catalunya es la ruptura de Espanya o su no ruptura.

De momento el PP se ha puesto a la cabeza de la unidad de Espanya abriendo dos frentes tan contradictorios como complementarios. Uno lo lideran Pablo Casado y Andrea Levy, que actúan como monologuistas del Club de la Comedia. Hacen una afirmación en tono amable y luego se quedan unos segundos callados, mirando a cámara sonrientes y asintiendo con la cabeza, como diciendo: “¿Veis como tengo razón?”. Luego tienen a Albiol, el candidato, quien propone expulsar de Catalunya a los inmigrantes y a los catalanes, lo que la dejaría Espanyola para siempre jamás. La idea es formidable, pero igual no lo vota todo el mundo.

Siguiendo la tesis de Conrado, da exactamente igual que Espanya se rompa o que no lo haga, pues en uno u otro caso el producto resultante estará igualmente gobernado por lagartos, que es lo que en buena lógica debiera preocuparnos y no la división territorial. Si en lugar de preocuparnos por Espanya nos dedicáramos a luchar contra los reptilianos, como hace Conrado, mucho mejor nos iría, a nosotros y a Conrado.

jueves, 12 de septiembre de 2013

El último fan



El otro día me desplacé a la capital. No soy mucho de visitarla porque las grandes ciudades me ponen nervioso, pero ahí estaba yo, en Compostela. En un momento dado mi señora decidió entrar en un supermercado. Yo me quedé esperándola en la puerta sentado como un Buda, fumándome un pitillo de liar. Fue en ese momento cuando un caballero se me acercó sonriente tendiéndome la mano. 

“Es un fan”, pensé. En Pontevedra tengo tres o cuatro fans y los adoro tanto que soy yo el que va por la calle persiguiéndolos a ellos y a veces hasta les pido un autógrafo. Me paseo por la ciudad buscándolos y en cuanto los veo les doy un abrazo y los beso a ellos, a sus parejas y a sus mascotas. 

Pues ahí estaba yo ante mi nuevo fan compostelano pensando que aquello tenía que suceder tarde o temprano, que mi talento no iba a permanecer encerrado en mi pueblo de por vida, que llegaría el día en que sería reconocido en todo el país e incluso en el extranjero cuando cruzara el Padornelo. Pero de pronto comprendí aterrado que aquel caballero no era un seguidor mío, sino un señor que tomándome por un mendigo me ofrecía una moneda de veinte céntimos. Texto completo en Diario de Pontevedra. El último fan.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Nós, de sobrados, nada



Carmen Dasilva é de Mourente, a maior de seis irmáns fillos dun traballador portugués e unha costureira: «Mira ti se crecín sabendo o que era a desigualdade. Nacín en tempos de Franco e crieime naquela Pontevedra de Rivas Fontán, unha cidade asfixiante, gris, aburrida, triste e clasista onde unha persoa de orixe humilde era mirada con moi malos ollos». Tivo a fortuna, di, de coincidir no Valle-Inclán cos inicios da Aula Castelao, un oasis de pensamento libre que axudou a abrir os ollos a toda unha xeración de estudantes. Marchou a Compostela prometendo que non volvería, pero volveu, pola súa familia, porque era de aquí e porque ofrecéuselle a posibilidade de participar no proxecto que habería de cambiar aquela Pontevedra. «E fixémolo. Esta cidade non ten nada que ver con aquela. Hoxe aquí collemos todos, e hai moitas cidades en moitos sitios que queren copiar o noso modelo porque somos o exemplo a seguir. Hoxe calquera veciño presume da nosa cidade. Antes non».

Quedáramos para falar das festas da Peregrina e da Feira Franca, que se celebrará o vindeiro fin de semana. «O balance das festas fíxoo a prensa en primeiro lugar. Tódolos medios coincidiron en que foron un éxito rotundo». Lémbrolle que tamén fixo balance o PP.Dasilva di que non entendeu as críticas. «Non teñen sentidiño. Dixeron que Pontevedra encheuse de xente, pero que iso sempre sucede nas festas e non era mérito noso. Se che parece será mérito deles, que levaban as festas ao Recinto Ferial e a cidade quedaba deserta. Claro, eles tiñan as súas festas privadas e os seus concertos de pago. Molestáballes o pobo desfrutando no centro e decidiron quitalo de en medio. Pensaban que a cidade era súa, e en certo modo tiñan razón. Texto completo en Diario de Pontevedra. Nós, de sobrados, nada.


 

lunes, 5 de agosto de 2013

Política local para turistas



Usted que vive fuera y visita por vez primera nuestra ciudad, debe ponerse al día de lo que ha ocurrido por aquí últimamente. Si usted piensa que puede pasarse todo el día de fiesta en fiesta y de terraza en terraza sin enterarse de nada, se equivoca. Para eso tenemos aquí un periódico, para informar a los turistas de la situación política local, que como verá nada tiene que envidiar a la nacional. El caso Bárcenas no es nada en comparación con la magnitud del escándalo que tenemos aquí. 

Todo empezó hace unos meses, cuando el PP y el PSdeG le hicieron una pinza al alcalde: primero le ordenaron hacer un PXOM. Si usted no sabe lo que es un PXOM no se preocupe. Yo tampoco. Luego mandaron al alcalde a mediar entre los comuneros de Salcedo y la BRILAT, que ocupa terrenos de los comuneros. La BRILAT es la Brigada Ligera Aerotransportable. ¿Cómo va a ser ligera una brigada? A poco que cada soldado pese una media de 70 kilos, ya me dirá. Y de aerotransportable, la brigada tiene tanto como usted o yo. Todos somos aerotransportables si podemos ir a un aeropuerto y subimos a un avión, que es lo que hace la brigada cuando quiere aerotransportarse. 

Bien, el asunto es que los comuneros de Salcedo rechazaron la mediación, pero al portavoz del PP eso le dio igual, así que preguntó al alcalde qué pasos había dado para cumplir con el mandato. El alcalde, cito textualmente, dijo: “Fixen o que tiña que facer. E váiase vostede ao carallo” (Fijé lo que tenía que fijar. Y váyase usted a caballo). Fin de la cita (apócrifa) y de la traducción (literal). (...) Texto completo en Diario de Pontevedra. Política local para turistas.


lunes, 1 de julio de 2013

Rosendo y el Dúo Dinámico



Todo este jaleo empezó hará cosa de unos tres meses. Reunidos en un lugar discreto, que es donde se celebran las reuniones clandestinas, Antón Louro y Jacobo Moreiradiseñaron su historia de amor. Según reconocen fuentes de ambos partidos, Moreira tomó entre las suyas las manos de Louro y comenzó a hablar con estas palabras que reproducimos literalmente: “Mirándote a los ojos, juraría que tienes algo nuevo que contarme. Empieza ya, mujer, no tengas miedo. Quizá para mañana sea tarde. Quizá para mañana sea tarde”. Yo escuché la grabación, y si estoy mintiendo que se muera ahora mismo Mauricio Rodríguez Boullosa. 

Hablaron largo y tendido. Louro contó a Moreira cómo se sentía: su relación con el alcalde no iba por buen camino. Lores no le prestaba la debida atención ni lo respetaba como pareja. Todos los logros del Gobierno los capitalizaba el alcalde, que no dejaba ni las migajas; acaparaba la presencia mediática y solamente se prestaba a compartir los fracasos. Moreira también habló. Dijo que él se sentía igual o peor: Lores se la había jugado con el asunto de los díscolos, estaba subido a la parra y si no actuaban rápidamente, el alcalde y su prepotencia tendrían la reelección asegurada. Había llegado el momento, mediada la legislatura, de hacer ver a Lores que ellos también estaban ahí. Echaron sus cuentas, que son las que siguen: por hacer valer su autoridad, distanciarse de su socio y conseguir un espacio propio, el PSdeG aumentaría cinco concejales, pasando de tres a ocho; Moreira, al emerger al fin como un líder de la oposición capaz de alcanzar consensos con uno de los grupos del Gobierno y complicar la plácida existencia del alcalde, conseguiría otros cinco más para el PP, llegando a dieciséis con los once que ya tiene. (...) Sigue leyendo en Diario de Pontevedra. Rosendo y el Dúo Dinámico.


lunes, 24 de junio de 2013

El bueno, el feo, el malo y viceversa





Hablé estos días con algunas fuentes para escribir sobre las desavenencias entre el PSdeG y el BNG, pues resulta que los socialistas han dicho “basta” y reconocen abiertamente que hay serios desacuerdos sobre asuntos de calado, empezando por el modelo de ciudad, y cuando aquí se cuestiona el modelo de ciudad, Pontevedra sufre un terremoto. 

Creen en el PSdeG que el modelo de Lores es el de una ciudad simplemente administrativa y está centrado en la movilidad, pero Pontevedra necesita suelo para asentamientos industriales y comerciales, por ejemplo: “Non hay un único metro cadrado libre. Por eso é urxente sacar adiante o PXOM. Non todo é pasear e disfrutar da cidade. Hay que poder traballar nela e traer inversións”. Los socialistas quieren un parque logístico, quieren ampliar el polígono de O Campiño; quieren que el modelo de ciudad, el buque insignia de Lores, cambie de rumbo. Y dicen que falla el diálogo con el BNG. Sostienen que además no comparten muchas otras cuestiones, y ponen como ejemplo el proyecto cultural. Dicen, y a mí me lo ha dicho Louro, que la visión que el BNG tiene de la cultura se basa en un patrón identitario centrado en el pasado, mientras el PSdeG quiere una cultura libre, abierta, receptiva y con visión de futuro. 

Me miento a mí mismo; me digo que debo llamar a Mosquera para ampliar la información, aunque en el fondo sé que lo hago para ver si soy capaz de reventar yo solito el pacto de gobierno.  Sigue leyendo en Diario de Pontevedra: El bueno, el feo, el malo y viceversa.



lunes, 17 de junio de 2013

Proyecto Manhattan




«No ha sido creado el lobo para pacer junto al cervatillo, sino para devorarlo al primer descuido», dijo el pensador noruego Ingemar Johansson. No importa que Johansson no fuera noruego, sino sueco; ni que fuera en realidad boxeador y no filósofo. Ni siquiera tiene importancia que jamás haya pronunciado esa frase. Da igual. Sus legendarios combates contra Floyd Patterson puede verlos usted en Youtube si sabe lo que le conviene. Se aprende mucho más viendo un combate Patterson-Johansson que leyendo el mejor compendio de filosofía universal. 

Lo que nos interesa es la validez de la sentencia apócrifa que he inventado para esta ocasión. Pretender que se integre la factoría de Ence, que es lo que toca hoy, en un entorno como la ría de Pontevedra es tan mala idea como meter al monstruo de Amstetten en un convento de carmelitas y esperar una convivencia armoniosa. Que me perdonen los dirigentes de Ence, pero su propósito es una soberana estupidez y así lo han comprendido los arquitectos, que se han vuelto locos intentando cuadrar ese círculo para obtener como resultado el fracaso previsto. De todos los proyectos que se han presentado para disimular la factoría, el más congruente era uno que lo llenaba todo de humo para enmascarar ése que sale de las chimeneas. El más original, por su parte, hacía realidad la fantasía de cualquier pontevedrés: elevarse en una montaña rusa hasta la cumbre misma de las chimeneas para poder aspirar allí una bocanada fresca de hollín chungo. (...) Sigue leyendo en Diario de Pontevedra. Proyecto Manhattan.


lunes, 10 de junio de 2013

Dejar de dimitir e irse



A Mauricio Rodríguez Boullosa, quien preside el Pontevedra CF, habremos de reconocerle algunos méritos. El primero de ellos, el de haber inventado una novedosa y revolucionaria modalidad de dimisión: la dimisión irrevocable no vinculante, que consiste en que el dimisionario continúa en su cargo. Ello le permite a uno dimitir cuantas veces lo desee. 
Nadie jamás ha dimitido tanto y tan bien como Mauricio. De vez en cuando, va y dice: “Me voy”, se despide y se queda. Mauricio fue perfeccionando con el tiempo su sistema de dimisión hasta acabar poniendo fecha como los mormones, que anuncian el fin del mundo y cuando llega el día lo aplazan medio siglo más. 

Otro gran logro de Mauricio ha sido llevar a nuestro club más lejos de lo que había llegado nunca: a la peor clasificación de su larga y honrosa historia. Si sigue llevándonos así de lejos acabaremos jugando contra el Steaua del Lérez, aguerrido combinado que se bate el cobre en la liga de las Doroteas contra otros como el Dream Team, el plantel de los profes, que se dejaron la imaginación en casa cuando bautizaron a su equipo. 

Usted a veces se pregunta qué quiere Mauricio para el Pontevedra, ya que alguien que ocupa un cargo como el suyo algún proyecto ha de tener. Pues yo se lo digo: lo tiene. Es una joya humorística, un plan de viabilidad que tuvo que publicar Ramiro Espiño, pues de otro modo ni lo conoceríamos. En ese plan se propone un subgénero literario en el que se entremezclan con brillo elementos esperpénticos, surrealistas y costumbristas. A ese plan honestamente tenían que haberlo titulado: ‘Fistro de viabilidad del Pontevedra CF SAD, por la gloria de mi madre. Pecador de la pradera, jarl, jarl’. (...) Sigue leyendo en Diario de Pontevedra. Dejar de dimitir e irse.


lunes, 3 de junio de 2013

El hombre que no quiso ser PTV



Miguel Filgueira y yo nos miramos desafiantes, midiéndonos las gorras: la mía informalmente elegante, clásica, sobria, bella en todas sus formas; la suya, no. Más bien algo estrafalaria, diría yo, sobrecargada de líneas, quizás diseñada por un Gaudí de las gorras, o tal vez por un chino desequilibrado. 

“¡Madre del amor hermoso –exclamó Filgueira para sí-, qué guapo es este muchacho y qué bien le sienta esa gorra!”. Obviamente, empezamos hablando del PXOM y del voto conjunto de PP y PSdeG. “¿Me ves muy preocupado? –pregunta-: Pues eso. El tiempo dirá a dónde nos lleva este tema a cada uno y cómo reacciona la ciudadanía. Por nuestra parte, fue muy claro Mosquera: están marcando territorio. Es su pan para hoy. Allá ellos”. 

Me cuenta luego su bautizo como concejal. El tema de las dedicaciones desatado cuando tomó posesión. Cree que Jacobo Moreira se equivocó al romper el pacto acordado entre todos. “Hicimos lo posible por reconducir la situación y salvarle la cara de paso. Pero se empeñó en avanzar hacia el fango y pasó lo que pasó. No fue agradable para mí, y luego vino lo de las jornadas sobre cooperativas”. Se refiere a la acusación lanzada poco después desde el PP de que compaginaba su cargo con trabajos externos. “Tuve que salir al paso y aclarar que yo había coordinado las jornadas, que lo había hecho gratis en mi tiempo libre y lo haré siempre que pueda porque conozco a fondo el mundo de las cooperativas y sé por mi propia experiencia que ofrecen una salida laboral y profesional a mucha gente. Son puestos de trabajo. ¿Recuerdas la columna de Jabois? La tengo por ahí guardada”. (...) Sigue leyendo en Diario de Pontevedra. El hombre que no quiso ser PTV.


lunes, 22 de abril de 2013

El profeta



Lores está convencido de que ganará las próximas elecciones municipales de 2015. Jacobo Moreira y Antón Louro están totalmente de acuerdo, lo que se convierte en un problema para el alcalde, que se aburre como una vaca. Lores necesita un objetivo y revalidada la alcaldía con dos años de anticipación ha puesto la vista en gobernar el planeta. 
Me lo confesó el otro día mientras paseábamos cogidos de la mano por la calle Michelena. Me miró a los ojos con amor, pestañeó varias veces y me dijo dulcemente: “Cota, quiero que mi modelo de ciudad se expanda por el mundo”. Luego me lanzó un besito al aire, que yo recogí al vuelo llevándomelo al corazón. De fondo sonaba nuestra canción, ‘El vals de las mariposas’. Que me muera ahora mismo si es mentira. Sigue leyendo en Diario de Pontevedra. El profeta.


lunes, 15 de abril de 2013

El cambio climático



Cuando el llamado Efecto 2000 no se produjo, todos nos quedamos mirándonos unos a otros con las uvas de corbata (era Nochevieja, que aquí hay que explicarlo todo). Estábamos seguros de que todo se iba al carajo: se iría la luz, los aviones se desplomarían sobre nuestras cabezas y los microondas nos perseguirían por toda la casa para asesinarnos. Era todo mentira, claro, para vender un programa que actualizaría nuestros ordenadores evitando la hecatombe; luego vino la gripe aquella de México y también íbamos a morir todos. Yo había llamado a la funeraria de Perdiz para encargar el sepelio de todos mis seres queridos y también por si se le ocurría invitarme a su famosa comida en O Pelete. No me invitó a la comida. Si hubiera muerto toda mi familia claro que me invitaría, pero desafortunadamente no se dio el caso porque aquella gripe era otra mentira, en este caso para vender vacunas. Mató a menos gente que Clint Eastwood en ‘Los puentes de Madison’, una porquería de película, dicho sea de paso. Uno se pasa más de dos horas esperando a que el hombre saque el revólver y empiece a disparar, a ser posible a Meryl Streep. En vez de eso se tira toda la película haciendo fotos cursis a los puentes y hablando con la tía aburrida ésa. Una mancha indigna de la filmografía casi impecable de Clint Eastwood. Sigue leyendo en Diario de Pontevedra, El cambio climático.


sábado, 23 de febrero de 2013

Irse y venirse



Esta semana no puedo escribir una crónica sobre la actualidad pontevedresa, más que nada porque estuve fuera. Trabajando. Da lo mismo, que a fin de cuentas cuando estoy enPontevedra tampoco me entero de la actualidad y eso es lo que me distingue de los demás: que a mí se me nota que no tengo ni idea de los temas sobre los que escribo. Aquí las columnas las traen pensadas autores como Bernardo Sartier o Alexander Vórtice, y por eso las escriben así de bien, o muchos redactores del periódico que entre noticia y noticia se ponen a bordar columnas. Y fuera de aquí, Manuel Pérez Lourido, especialmente si escribe en gallego.

Ésta era una semana de ésas que son ideales para sacar un tema recurrente. Celulosas, por ejemplo. Yo tengo pendiente una columna rabiosa contra ENCE, pero ahora debo esperar. Es que el otro día me encontré a un amigo y me dijo que no tenía huevos a escribir sobre ENCE y que si lo hacía me echaban del periódico: “Si lo haces te echan”, así dijo. Y claro, si lo escribo ahora, pensará que lo hago porque él me lo manda. Sigue leyendo en Diario de Pontevedra. Irse y venirse.


sábado, 9 de febrero de 2013

Pontevedra se escribe con B de Bruselas



Desconfío de las crónicas sobre las expediciones oficiales desde que Joaquín Leguina y Manuel Soto, entonces alcalde de Vigo, trataron de institucionalizar la Movida y organizaron aquel viaje delirante: montaron en un tren a lo más granado de las vanguardias viguesa y madrileña; llegaron a Vigo y allí la mitad de la comitiva, que venía borracha y drogada, vomitó sin salir del andén. 

Así murió la movida, justo en el momento en que Fabio McNamara se levantó en medio de la comida y empezó a reclamar a gritos no sé cuántos gramos de heroína que según él le había prometido el presidente de Madrid. Creo que desde entonces hay un pacto de silencio entre los poderosos y la prensa para limitarse a contar lo que menos interesa de estos viajes. Con el tiempo, McNamara renegó de su pasado, de sí mismo y de la Movida y se acercó a Jesucristo, para desgracia de Jesucristo, aunque ése ya es otro tema. (...) Sigue leyendo en Diario de Pontevedra. Pontevedra se escribe con B de Bruselas.


sábado, 26 de enero de 2013

Crónica de unos premios




Dos plenos se celebraron el otro día en Pontevedra: el primero de ellos, un trámite en el que apenas se dedicaron unos minutos a tomar nota de la dimisión de tres concejales del PP. Elalcalde Lores tomó la palabra para agradecer a los cesantes el trabajo realizado y lamentar que los concejales no estuviesen presentes para despedirse, algo que, según dijo, han hecho todos salvo algún muerto. Achacó la ausencia a “as cincunstancias especiais nas que se produxeron as dimisións”, o algo así. Eso no gustó en el PP. A la salida, me dijo la concejala Bea Riestra: “¿Te parece bien lo que dijo? ¡Pues escríbelo!”. Yo no suelo escribir por encargo sin cobrar, pero el tono de Riestra me acojonó. Igual si no lo escribo me mete un rodillazo en los huevos, pensé, así que lo escribo. 

El segundo Pleno fue el importante, que es el que vengo a relatar. Se concedían los premios Ciudad de Pontevedra, merecidos este año por David Cal e Hifas da Terra. Pero no pude asistir porque tenía una cita con el neumólogo. Yo no quería, pero mi familia confabuló y me obligaron porque dicen que respiro mal: “respiras mal”. (...) Sigue leyendo en Diario de Pontevedra. Crónica de unos premios.


sábado, 5 de enero de 2013

Carta a los Reyes Magos


Durante mucho tiempo, puede que entre los seis y los cuarenta años, creí equivocadamente que los Reyes Magos eran mis padres. Su ausencia física o geográfica me demostró que no era así, pero como los regalos seguían llegando empecé a sospechar que los Reyes Magos eran mi hermana Marcela. Eso hasta hace un par de navidades, cuando ella me llamó por teléfono desde Poio a una hora a la que tendría que estar entregando los regalos a los niños de Nueva Zelanda. Así fue como supe, por descarte, que los Reyes Magos son los Reyes Magos. 
Esta vez les envié una carta más bien extensa que empieza así: «Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar. Este año he sido bueno y por eso quiero pediros tres cosas: oro, incienso y mirra». (...)  Diario de Pontevedra. Carta a los Reyes Magos.