jueves, 30 de julio de 2009

María de Grecia y Payo Gómez de Sotomayor.



Comenzando el siglo XV, Enrique III, rey de Castilla llamado "El Doliente" a causa de su quebradiza salud, decidió enviar una embajada al Gran Tamerlán. El Gran Tamerlán era, probablemente, el mayor conquistador de su tiempo. Un turco cruel, que arrasó ciudades como Bagdad o Damasco y recorrió toda Asia Central, aunque en sus correrías también anduvo por Nueva Delhi, Kabul, Samarkanda o Moscú. Bien, los reinos europeos estaban por entonces preocupados por las andanzas de otra bestia, llamada Bayaceto, y consideraron una posible alianza con Tamerlán para frenar a Bayaceto.

El doliente envió entonces a dos embajadores para entrevistarse con Tamerlán y es aquí donde comienza nuestra historia de amor (y desamor). A pesar de que no todas las fuentes coinciden en algunos detalles hemos conseguido reconstruirla en lo fundamental. La embajada estaba formada por dos señores. El jefe era el caballero gallego Payo Gómez de Sotomayor, a quien no debemos confundir con Payo Gómez Charino de Sotomayor, (de quien ya hemos hablado) entre otras cosas porque era su bisnieto, por lo que nuestro embajador vivió mucho tiempo después que nuestro trovador de rimas facilonas.

Llegados ante Tamerlán, cuyo nombre significaba Hierro "El Cojo", Payo Gómez y su acompañante tuvieron ocasión de ser testigos de la mayor batalla celebrada en la época, en la que Tamerlán derrotó a Bayaceto.

Bayaceto había raptado a dos bellas señoritas, hermanas, y según algunas crónicas, Infantas de Hungría, que pasaron a ser entonces propiedad de Tamerlán, quien las tomó como esclavas. Aunque no parece confirmado que fueran Infantas, sí parece que eran hijas de un tal János, conde de Hungría y regente durante algún tiempo.

Cumplido su encargo, Payo Gómez regresó a Castilla. Consigo traía varios regalos que enviaba "El Cojo" a "El Doliente". Entre esos regalos venían las dos damas húngaras. Se llamaban, o fueron llamadas, la una Angelina y la otra, que es la que nos interesa, María. Durante el viaje de regreso, Payo Gómez de Sotomayor quedó prendado de María, siendo correspondido por la doncella. Algunas crónicas cuentan el caso con poemas y grandes dosis de romanticismo. Según Vasco de Aponte, nuestro cronista preferido, que no se andaba por las ramas, "Payo Gómez, yendo por el camino, preñó a una de ellas". Enterado el rey, al recibir los regalos, de que uno de ellos le venía preñado, quiso degollar a Payo. Payo se vino para Galicia, escapando de las iras de "El Doliente" y hay quien dice que desde aquí embarcó hacia Francia.

El caso es que muerto el Rey Enrique "El Doliente" (a causa de su mencionada salud quebradiza, con menos de treinta años, lo que nos demuestra que el mote estaba justificado), su hijo Juan II concedió a Payo el perdón y licencia para casarse con María, a quien ya llamaban María Gómez o María de Grecia, a pesar de ser húngara.

Instalados en Galicia, vivieron intensos años de felicidad y tuvieron varios hijos. Un buen día, sin embargo, el arzobispo de Compostela, Lope de Mendoza, hizo ver a Payo que estaría mucho mejor si se casara con su sobrina mayor, que se llamaba Mayor de Mendoza (el nombre no es casualidad. En la Edad Media era habitual que a las niñas primogénitas se les llamase Mayor). Payo, que se había jugado la vida para casarse con María de Grecia, no lo dudó un instante. Aceptó la oferta del arzobispo, y así, se anuló la primera boda para celebrar la segunda. Payo y Mayor fueron muy felices y, según se cuenta, María de Grecia fue igualmente feliz al librarse de Payo. Vueltas que da la vida.

La ilustración, Ruinas de Santo Domingo, en Pontevedra, donde fueron enterrados Payo Gómez y la sobrina del arzobispo Mendoza.


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