lunes, 15 de marzo de 2010

El limosnero que quiso ser juez.



En 1678, un vecino de Bértola (Pontevedra), llamado Domingo de Seoane Mouralle, fue designado limosnero en varios lugares de la comarca de Benavente, pertenecientes todos ellos a la Orden de la Santísima Trinidad. Un limosnero era el encargado de tomar y distribuir las limosnas. No era el mejor cargo al que se podía aspirar pero tampoco estaba tan mal. Las responsabilidades eran limitadas, el trabajo no era agobiante y estaba razonablemente bien retribuido. Pero aquello le pareció poco a Domingo Seoane, un hombre ambicioso que se consideraba capacitado para más altas funciones.


Llegó nuestro amigo a su destino y poco a poco comenzó a ejercer labores que sobrepasaban lo encomendado. El tío se hizo pasar por juez, y se puso a dirimir pleitos, conceder absoluciones y dictar sentencias. Y no debió hacerlo mal, pues hasta pasados tres años nadie advirtió el engaño. En realidad, quien descubrió el caso fue un tal Francisco Moniz Bernardo, que era quien lo había nombrado limosnero. El 17 de abril de 1681 Francisco acusa a Domingo ante un juez de verdad. No tenemos la transcripción del caso, pero es de suponer que Francisco se pasó algún día por Benavente y se encontró a su limosnero administrando justicia. Nadie hasta entonces, ni fiscales, ni acusados ni escribanos, ni alguaciles se habían dado cuenta de que el juez era un intruso.

No sabemos cómo, el falso juez consiguió evadirse, pues el 26 de junio se dicta orden de búsqueda y captura. Poco después es finalmente detenido e ingresado en la cárcel de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, donde permanece durante 40 días, tiempo en que ha de pagar una fianza. El asunto pasa a los tribunales eclesiásticos y se le ordena presentarse ante los jueces de la Cruzada de Oviedo, jurisdicción que correspondía a la Orden de la Santísima Trinidad.

Lo más curioso del asunto es que en los documentos de la acusación se le pretende natural de Mondoñedo. Y nuestro falso juez, que no se molesta en negar las acusaciones, se indigna y siente la necesidad de aclarar precisamente ese extremo. "Seré un farsante, sí, y qué -viene diciendo- pero no soy de Mondoñedo. Yo soy de Bértola." Eso es amor al terruño. En Bértola deberían poner una calle a Domingo de Seoane Mouralle, y nombrarle juez honorario. Pocos habrán querido a un pueblo tanto como Domingo, de quien yo me declaro admirador desde ya.

Las descripciones de los documentos referidos al caso, en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Salas de lo Criminal, caja 281,8.

Ahora, "Lamento de Gaitas", por Los Archiduques. El que canta, por extraño que parezca, un jovencísimo Tino Casal.

1 comentario:

  1. Yo tambien soy de Bèrtola, y resido en la misma, a ver si consigo que mi calle se llame asi, grandioso o noso amigo Domingo, moi grande, un abrazo mestre

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