Anteriormente para que a uno le hicieran una estatua había que invadir al vecino, conquistar un imperio, incluso perderlo en gloriosa batalla. Hoy a esos antiguos héroes nadie los esculpe, generalmente con razón, porque son vistos con otros ojos y ya no creemos que matar a mucha gente para quitarle su tierra merezca un monumento.
Con el tiempo el criterio fue cambiando hasta llegar a nuestro pasado más reciente. En Pontevedra, pongo por caso, hicimos estatuas a Bóveda, a Valle-Inclán o a todos los del conjunto escultórico ‘La Tertulia’, entre los que está Bóveda de nuevo: personalidades que destacaron por su arte, por su pensamiento o por haber muerto asesinados o en el exilio defendiendo sus ideas. Fueron durante unas décadas nuestros referentes con todo merecimiento pero hoy, a su vez, llegan al ocaso.
La última tendencia propone otro perfil de héroe, como María la del Carrillo, John Balan, Valentín el castañero y la gitana que echaba maldiciones. (...) Diario de Pontevedra. Estatuas y héroes.
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sábado, 17 de noviembre de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
Una carta de Manuel Quiroga
Tenía el violinista Manuel Quiroga trece años, casi catorce, cuando escribió esta carta a su padre, que vivía en la casa familiar de Pontevedra. Llevaba Quiroga dos años viviendo en Madrid, donde cursaba estudios en el conservatorio y ya era el más prometedor niño prodigio que existía en aquellos tiempos en España y en el mundo entero.
En la carta, fechada a 1 de marzo de 1906, Quiroga se queja de los constantes cambios de residencia que ha sufrido desde su llegada a Madrid:
"(...) yo la verdad, chico, ya estoy aburrido de tanta casa de huéspedes y deseando ir a esa".No tuvo suerte en eso el pequeño Quiroga. La nueva vivienda, a la que se estaba mudando el mismo día que escribió la carta, estaba situada en la calle de la Cruz, en el número 25, y estuvo en ella apenas no más de tres meses. Como curiosidad, apuntaremos que en ese mismo edificio tenía su sede la Sociedad Vasco-Navarra, que albergaba a su vez las oficinas del Atlético de Madrid, cuyo reglamento se firmó en noviembre de ese año.
El caso es que el 31 de mayo de 1906 Quiroga ya no estaba en la calle de la Cruz, pues sabemos que en esa fecha era vecino de Mateo Morral en el número 84 de la calle Mayor, quien desde el balcón contiguo al que ocupaba Quiroga fabricó y arrojó una bomba contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia, atentado que presenció el violinista. Lo refiere el admirado Prudencio Landín en 'De mi viejo carnet' (segundo tomo), citando palabras del propio Quiroga:
"Tabique por medio -refiere Manolo- del cuarto en que yo daba mi lección de violín en Madrid, elaboró el trístemente célebre Morral la bomba que estalló al paso de los reyes en la calle Mayor el día de su boda. Desde el balcón de aquel cuarto presencié yo el paso de la comitiva. Como era pequeño, pues tendría doce años, me agaché para ver mejor entre los barrotes de balcón. A los pocos momentos explotaba la bomba y moría una señora que había pasado a ocupar el mismo sitio que yo acababa de dejar. ¡Un horror!"Como vemos, se confunde Quiroga en la edad que tenía cuando el suceso, que debió contar a Landín muchos años después.
Curiosamente no fue Quiroga el único pontevedrés ilustre que pasó por ese edificio de la calle Mayor, famoso igualmente por la constante presencia de Julio Camba en sus tertulias. También Valle-Inclán debió conocerlo bien, pues en Luces de Bohemia sitúa ahí la tienda del librero Zaratustra.
Volviendo a la carta de Quiroga, es encantadora la frase final, a modo de posdata: "¡Es la pluma muy mala!"
Y los dibujos, claro. Llama poderosamente la atención lo que parece ser un bólido de carreras, el tercer dibujo de la segunda fila, con un diseño que tardaría décadas en inventarse.
La carta, cortesía de Milagros Bará-Viñas, regalo que guardo como un tesoro.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Quiroga, Valle-Inclán y las amputaciones
Grandiosa exposición la que se inauguró ayer, dedicada a Manuel Quiroga Losada en el Museo de Pontevedra. Impecable trabajo de Fernando Otero Urtaza, comisario de la muestra y la persona que más sabe en el mundo sobre nuestro violinista, aparte de Milagros Bará Viñas, sobrina-nieta de Quiroga y depositaria de parte de su legado.
Ya que el asunto ha sido debidamente reseñado en toda la prensa local no es necesario que lo cuente yo aquí. Lo que sí se puede contar, porque si no lo cuento yo no lo cuenta nadie, es la novedosa noticia que nos dio la responsable (creo que es) de Cultura de la Diputación de Pontevedra: Quiroga tenía un brazo amputado. Además de novedosa y sorprendente, la noticia es rematadamente falsa. Y ahí, el comisario de la exposición, la familia de Quiroga y un centenar de asistentes, nos enteramos de que la buena señora inauguraba en representación del sufrido pueblo de Pontevedra una muestra sobre un personaje cuya propia existencia ignoraba cinco segundos antes de empezar a hablar.
"Nunca olvidaremos al gran Manuel Quiroga", decía ella. "¿Cómo lo vas a olvidar tú, hija mía -pensaba la concurrencia- si no tienes ni idea de quién fue Quiroga?" No se puede olvidar a quien no se conoce, en eso tiene razón.
Lo más sangrante del asunto es que en la sala de al lado, pared con pared hay otra exposición, en este caso dedicada a Valle-Inclán. A Valle sí le amputaron un brazo. Puede que la señora confundiera a Valle con Quiroga. O acaso piensa que a todos los personajes ilustres que nacen o viven en Pontevedra se les amputa un brazo y va inaugurando exposiciones diciendo siempre lo mismo: "Significa un gran honor para mí inaugurar esta exposición sobre Castelao, a quien le amputaron un brazo"; "declaro inaugurada esta muestra dedicada a Torrente Ballester, que tenía un brazo amputado".
Imaginemos las conversaciones de la mujer, encargada de los asuntos culturales de la provincia, cenando con sus amigos:
- ¡Qué mérito tuvo Sarmiento de Gamboa, descubriendo islas en el Pacífico con su brazo amputado! ¡Y Casto Méndez Núñez, ganando batallas con un sólo brazo!
- ¿Pero a Sarmiento de Gamboa y a Méndez Núñez les faltaba un brazo?
- Claro. Yo lo sé porque lo mío es la Cultura, así con mayúscula. Sarmiento era de Pontevedra y el otro se retiró aquí. Yo misma si sigo escalando puestos acabaré sin un brazo. Todo por servir a mi pueblo amado. Cualquier sacrificio es poco.
Así se entiende que últimamente vengan tan pocos famosos por aquí. Están todos acojonados: "Yo paso de ir a Pontevedra, que están muy locos. En cuanto ven a alguien popular, le arrancan un brazo, que lo dice una señora de la Diputación".
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