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viernes, 4 de noviembre de 2011
Rajoy nos hará felices
Rajoy llegó el otro día a A Coruña y prometió la felicidad. Después de la vida eterna es lo máximo que se le puede ofrecer a cualquiera.
Cada español va a tener que hacer cola, como en Bienvenido Mister Marshall, para pedir a Rajoy aquello que necesita para ser feliz. A Loquillo, por ejemplo, tendrá que regalarle un camión, pues es sabido que eso es lo a él le haría feliz.
Otros quieren amor. Eso ya lo ofrecen en Internet miles de páginas, pero ninguna de ellas garantiza el resultado como lo garantiza Rajoy.
Y es que para cada individuo la felicidad es algo diferente: hay quien para ser feliz necesita casar a su hija con un ingeniero; otros quieren un puesto de trabajo o un gramo de cocaína diario, o protagonizar una película con Nikole Kidman. Como Rajoy no puede ir preguntando a cada uno qué es lo que puede hacer por él, va y promete a todos la felicidad. No tengo noticia de ningún político que haya llegado tan lejos. Sí de algún líder religioso, lo que mete a Rajoy de lleno como un advenedizo en territorio ajeno. Hasta hoy aquí la felicidad sólo nos la prometía el cura. También es verdad que la Iglesia es mucho más cauta y lo que promete es que seremos felices después de muertos. Eso nos deja sin opción a reclamar si la promesa se incumple, pero la felicidad en vida, lo que es la felicidad en vida, nadie se había atrevido a ofrecerla, y eso convierte a Rajoy en un visionario o un loco.
Rajoy ganará las elecciones y las quejas comenzarán a llegar: "Sr. Rajoy. Es usted un mentiroso. Hace ya cuatro meses que es usted presidente y sigo esperando mi camión. Atentamente: Loquillo".
Yo conozco a una señora, por ejemplo, que es fan de Al Bano y Romina. Para ella la felicidad es un beso en la calle y otro en el cine. Es un paso que pasa y siempre regresa. Es nacer con la aurora hora tras hora. ¿Qué piensa hacer Rajoy para hacer feliz a esta pobre mujer? Lo digo porque ella lleva toda la semana convencida de que Rajoy pasará la vida con ella besándola en la calle y en el cine, caminando y luego regresando. Hasta ahí, Rajoy podría cumplir su promesa. Pero la señora está dispuesta a exigir nacer con la aurora hora tras hora. "Nadie le mandó prometerlo -dice- yo quiero nacer con la aurora hora tras hora y entre horas que Rajoy me bese en la calle y en el cine. Confío plenamente en él. Es un hombre de palabra".
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