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jueves, 20 de agosto de 2015

Asesores, asesores




Hay gente que está mal asesorada. Por aquí hemos tenido esta semana varios casos. Rajoy, por ejemplo. El otro día se fue a Meis y se bañó en una playa fluvial que se llama Pago Negro. Yo soy él y pongo a todo su gabinete de comunicación en la calle. Primero por no advertirle de la inoportunidad de fotografiarse semidesnudo en un lugar que se llama así, Pago Negro. Luego por las propias fotos. Un asesor eficiente se lo hubiera dicho: “Presidente, no puede usted ir a una playa llamada Pago Negro. Además, cuando abre mucho los ojos, que es algo que hace usted habitualmente, se le pone cara de pescado. Si lo metemos medio en bolas con ese gesto saliendo del agua, la foto será terrible”. Por si fuera poco, no mucho antes un vecino de la zona denunciaba un vertido tóxico en esa misma playa, en la que habían muerto varios peces. Fernando Oubiña, que así se llama el denunciante, declaró a la periodista Susana Luaña: “É raro; porque tiñan como un fungo arredor, como os dos peixes dos acuarios cando enferman”.

Luego un especialista le dijo a Luaña: “Eu máis ben penso que están enfermos, o que non sabemos é a causa da enfermidade”. La crónica continuaba diciendo que el especialista “sospecha que se están contagiando unos a otros, y que ese hongo que los rodea es una prueba más de que algo grave les ocurre a los peces del río Umia”. Es decir, que Rajoy se bañó semidesnudo entre peces que tienen una grave enfermedad contagiosa, poniendo cara de pescado en una playa que se llama Pago Negro. Desde entonces no puedo mirar a Rajoy sin imaginármelo enfermo, nadando en un gran acuario. Cierto que los asesores reaccionaron a tiempo y para reparar el desastre se lo llevaron a comer a un sitio llamado Badulaque. Así pasa Rajoy sus vacaciones en Galicia: entre el Pago Negro y el Badulaque. Al menos al Badulaque lo llevaron vestido, lo que ya es un logro.

Pues eso, mal asesorado, como los tres excompis de María Rey, concejala y líder hasta hace unos días de Ciudadanos en Pontevedra. Pues van los tíos, la echan de su cargo como coordinadora, la acusan de tener un pacto secreto con el alcalde Lores y de invadir Palestina, piden su dimisión y exigen que entregue el acta. Desde arriba les dijeron que de eso nada. Que María Rey sigue siendo su persona en Pontevedra, que no tiene un pacto secreto, que no ha invadido Palestina y que en cosa de un par de meses, o ni eso, se reorganizarán las estructuras del partido, lo que previsiblemente dejará fuera a los rebeldes. La respuesta de los tres díscolos, en lo que parece una revuelta de mosquitos, ha sido la de pasar a la clandestinidad y poner a parir a la dirección del partido, aunque ya sin dar sus nombres ni sus apellidos. La carrera política de estos tres se ha terminado esta semana, al menos en Ciudadanos. Cualquiera les hubiera dicho que las cosas no se hacen así, que hay líneas rojas que en ningún partido se pueden traspasar, y la primera de ellas es la de nunca dar un golpe de mano si no se tienen apoyos; la segunda es la de no meterse con el propio partido al que se quiere representar ni con los líderes nacionales que no han dicho aquello que se desea escuchar. Si hay algo que en política no funciona es el suicidio. Han conseguido, eso sí, unas cuantas portadas en las que se lee que la dirección de Ciudadanos respalda a María Rey, lo que no le viene nada mal a María Rey, que en cuestión de semanas recuperará un liderazgo que sólo ha perdido de manera formal y momentánea.


La pregunta es si los tres excompis de María Rey creían que el partido los respaldaría a ellos, o que la militancia se iba a reunir en masa para apoyar la revuelta, o que se iba a incendiar Pontevedra, como si Pontevedra no tuviera otra cosa que hacer que preocuparse de los problemitas internos de un partido que nació anteayer y de momento tiene una concejala. El recorrido mediático de este asunto, o mucho me equivoco, o hasta aquí ha llegado. Y le han hecho de paso a la concejala el favor de su vida: podrá trabajar los cuatro próximos años sin preocuparse de una oposición interna que ha tardado tres meses en lanzarse al abismo. De toda la vida de Dios, en política como en muchos otros ámbitos, la lucha por el poder se libra con paciencia, buscando apoyos y consensos, nunca saltando de la trinchera antes de tiempo. El primero en lanzarse sin cobertura a un campo minado es el primero en saltar por los aires. Carne de cañón. Nadie además lo recuerda como a un héroe, sino como a un inconsciente que no sabía lo que hacía. Claro que no voy a dudar de la limpieza de sus intenciones, pero la estrategia ha sido tan absurda como equivocada y el resultado queda a la vista. Pues eso: mal asesorados, como Rajoy, aunque es de suponer que a diferencia del presidente, en este caso los de C’s se asesoraron entre ellos, que si llegan a tener a su alrededor a todo un equipo de zumbados la cosa sería peor.

lunes, 2 de marzo de 2015

El desmayo de la nación




Joan Baldoví, portavoz de Compromís, se subió al estrado, pronunció siete palabras y se desmayó, como España. Es lo más consecuente que ha hecho nadie en sede parlamentaria y es algo que deberían imitar los portavoces de todos los partidos. Subir al estrado y desmayarse, que para eso los votamos, para que nos representen. Nunca hemos estado mejor representados que en ese momento.

Vimos otros dos arrebatos de honestidad que salvaron el debate: el primero lo protagonizó Rajoy cuando, rabioso, chilló a Pedro Sánchez: “¡No vuelva usted aquí a hacer ni a decir nada!”. La pérdida de estribos suele acompañarse de economía de palabras. Con un poco de temple, Rajoy lo hubiera explicado mejor: “Usted, parlamentario y jefe de la oposición, no vuelva aquí al Parlamento a hacer su trabajo ni a decir nada que yo no quiera escuchar. Gilipollas”. Esa frase de Rajoy es la manera más precisa de describir la negación de la democracia.

Respondía así Rajoy al discurso de Pedro Sánchez, que venía de decirle que el estado de la nación está hecho una porquería. Pedro Sánchez, con el PSOE echándosele encima, siguió el consejo de Victoria Armesto: “El método más eficaz para frenar a un pelotón es echarse a correr delante”. Victoria Armesto fue una notable periodista y escritora que firmó, entre otras cosas, ‘Galicia feudal’, obra que debiera ser el Antiguo Testamento del nacionalismo gallego, al que sirve en bandeja todo un argumentario histórico que los nacionalistas rechazan porque Armesto cometió dos graves pecados: el primero, ser diputada de la Alianza Popular de Fraga y el segundo, ser también copropietaria de La Voz de Galicia. Un día los independentistas olvidaremos su nombre y será el momento de recuperar su descomunal obra.

Y ya que hablamos de periodismo y de bandejas, permítaseme que recomiende apasionadamente las bandejas que Diario de Pontevedra ofrece a sus lectores a partir de hoy. “Un juego de dos fuentes de horno que siempre vienen bien en cualquier cocina. Estas bandejas han sido fabricadas en vidrio de borosilicato de excelente transparencia, tienen gran durabilidad y resistencia calórica (soportan temperaturas entre los -20º y los 250º) y su capacidad es de 2,2 y 1,8 litros. A partir de ahora no hay excusa para preparar tus mejores platos. Resérvalas ya en tu kiosco y no dejes pasar esta oportunidad”.

El otro gran momento, y con esto volvemos al debate, nos lo ofreció Celia Villalobos, quien jugaba con su tableta para ganarse un miserable sueldo de 120.564 euros al año. Hablaba Rajoy desde la tribuna y Villalobos ejercía la presidencia. Ella es política veterana y sabe que nada de lo que se decía en ese debate tenía la menor importancia. Por eso lo más decoroso que se puede hacer cuando uno preside un parlamento durante un debate sobre el estado de la nación es coger la tableta y ponerse a jugar. Debería ser obligatorio, como desmayarse.

Estos debates están sobrevalorados. Nunca he entendido esas encuestas en las que se pregunta a la gente quién ha ganado el debate, como si ganar un debate convirtiera a alguien en mejor gobernante o en mejor aspirante a gobernar. Ser mejor en un debate no significa ni más ni menos que eso y tiene la misma incidencia sobre las cualidades de un líder que ganar una partida de ajedrez o una carrera de sacos. Sería mucho mejor que hicieran otras cosas para convencer al pueblo de sus virtudes. Cantar, por ejemplo, saltar a la comba o hacer juegos malabares con cuatro naranjas. Porque vender humo, bien que se haga con mayor habilidad que el rival, debiera ser precisamente un demérito y nunca una cualidad por la que nadie se gane un voto.

Así, presentarse en un debate y ofrecer tres millones de puestos de trabajo es una estrategia que tiene a estas alturas la misma utilidad que prometer un millón o catorce. Lo de prometer cosas al tuntún lleva haciéndolo Rajoy desde que, como recordó el otro día, se metió en política con 26 años. Eso de anunciar cosas improbables sabe hacerlo cualquiera. Yo mismo he prometido más de una vez que Colón nació aquí, en Galiza, algo que es como mínimo indemostrable. Si se puede prometer el pasado con tamaña impunidad, no digo qué se puede hacer con el futuro. Y si prometer sale gratis, debatir sobre promesas todavía más. Haga usted la prueba. Persónese en una taberna y comprobará que siempre hay alguien discutiendo sobre el estado de la nación con mejores argumentos que todos los presentados el otro día en el Parlamento. Eso es lo fácil. Lo difícil es desmayarse, que para eso sí hay que valer.

Uno jamás se desmaya sin motivo, y menos cuando corre el riesgo de que quien se presente a socorrerle sea una ministra de Fomento. Cuando alguien se desmaya, lo último que espera es que aparezca Ana Pastor a prestarle los primeros auxilios. No puede haber nada más desconcertante que desmayarte, abrir luego los ojos, ver a Ana Pastor desabrochándote la camisa y preguntarte si estás muerto.


 

martes, 12 de noviembre de 2013

OS GRANDES COLUMNISTAS


Por Manuel Pérez Lourido

Un bo día, ou un mal día, e incluso un día dos de que queres ti que che diga, ocúrreseche escribir sobre os que escriben. Columnas na prensa. Os columnistas, que non hai nome máis feito para apuntarse no paro, sector da construción. Se traballabas na construción e non estás no paro é que tes a algún político na túa vida. Dende que estoupou a burbulla esa o paro está cheo de xente con diversos tipos de feridas. Todas inmovilizantes. Os arquitectos miran polas fiestras dos seus lofts e suspiran moi docemente, ao compás do ruído das súas tripas. E así ad infinitum...
As persoas que tratan destos e doutros asuntos, locais ou nacionais, internacionais ou estratosféricos, forman a columna vertebral da prensa escrita e dixital: os columnistas. Algúns deles son xente rexa de principios rexos e máis pobres cas ratas. Outros traballan para un grupo de empresas editoriais que apoia uns intereses políticos determinados. Determinados por outros, non por eles. Estes viven mellor, comen todos os días e tal. Con postre. Despois están os chamados francotiradores, que basta conque un os chame así para así poñelo, que son aqueles que non teñen nin un can que lles ladre e pódense permitir o luxo de pegar tiros dende distintas árbores. Seguro que me entenden.
O bo columnista ten que ser un bo analista da realidade. Nada menos. En todo caso, polo menos ten que “parecelo”. Ten que dar mostras de que sabe que é a realidade e despois ser quen de facer unha análise do cadáver. Porque o columnista de caste ten que tratar sempre a realidade coma un cadáver aínda quente ao que lle ven de practicar a autopsia. Canto máis noxo dea a execución da tarefa, canta máis conclusións tire da mesma, máis grande será o éxito das súas columnas. Ou non, como díría Cota que diría Rajoy. Falando desto: o columnista ten que ser portador dunha poderosisíma bagaxe literaria. Os grandes columnistas caracterízanse por ten unha gran cachola bamboleante por culpa da grande cantidade de libros alí gardados, dos que despois xurden citas, exemplos, metáforas, nomes propios, referencias, datas, nomes comúns... bueno, vale, tamén chega con ter conexión á rede.
Os grandes columnistas, ademáis de ser bos, teñen que ser malditos. Na literatura es un ninguén se non es ademáis un maldito. Bukowski escarallou a súa vida no intento. Kafka non, a Kafka a vida escarallouselle soiña. Foi un maldito “devenido”. Outros, tipo Rimbaud, o que tiñan era un vicio que non se lambían. Os malditos, tarde ou cedo, ocuparán a súa cadeira no Olimpo das letras. Os bos, non sempre.
Hai xente irremediablemente humana que o ten todo para triunfar no columnismo pero que non están dispostos a entrar polo aro do malditismo: quérenlle ao seu fígado, sonlle fieis á parella, só xe inxectan por obligación médica, saúdan pola rúa... estes pobres dan unha peniña que só se pode mitigar pensando que un le de cando en vez algunha das súas columnas. Fágano.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Rajoy y Milli Vanilli




Andan los militantes del PP perdidos, como patos mareados, sin saber qué pensar ni a quién creer. Se hacen eco de informaciones que circulan por la prensa y en los mentideros: que si detrás de todo esto está Esperanza Aguirre, que si elPSOE, que si algún grupo de presión directamente afectado por alguna medida de Rajoy.
Es enternecedor verlos estos días vagando sin rumbo, con la cabeza apuntando al suelo, noqueados por las noticias que no dejan de sucederse, preguntándose cuál será la próxima, quién la filtrará, quién la publicará, quién la desmentirá, quién la confirmará. Sigue leyendo en Pontevedra Viva. Rajoy y Milli Vanilli.


miércoles, 16 de enero de 2013

Céntrense





La política municipal ha girado en los últimos meses alrededor de asuntos enojosos, a saber: la crisis interna del PP, la ausencia de Miguel Anxo Lores en la inauguración del Museo o la eterna ENCE, que el día que nos la quiten no vamos a saber de qué hablar.
Dejando a un lado a ENCE, no por poco importante sino por lo contrario, con algunos de los otros temas hemos aprendido algo. Lo de Lores y su plantón a Rajoy, por ejemplo.
El último que ha conseguido meter a Lores en el Museo he sido yo, que se vino a la presentación de mi libro en el edificio Sarmiento. Y los penúltimos, aquí los de Pontevedra Viva la noche que se pusieron de parto y emborracharon a dieciséis concejales, media docena de diputados provinciales, dos o tres alcaldes, cuatro presidentes del Pontevedra CF, toda la prensa de Pontevedra y algún aspirante a ministro, también en el edificio Sarmiento. O sea que eso de que Lores no pisa el Museo no es del todo cierto: Lores va al Museo cuando le da la gana, pero no le da la gana ir para ver a Rajoy. Lo ha dejado claro. (...) Sigue leyendo. Pontevedra Viva. Céntrense


viernes, 7 de septiembre de 2012

El nuevo curso



El mismo día que Pontevedra celebraba la Feira Franca inauguró Rajoy el curso político exactamente como se hacía en la Edad Media: en el castillo de Sotomayor y con el pueblo esquilmado al otro lado de las murallas. No son muy distintos los arruinados por las preferentes que los vasallos de Pedro Madruga, quien fue el señor feudal de ese mismo castillo. A Rajoy para completar la recreación histórica sólo le faltó cortar la nariz de algún representante de los afectados y violar a una moza del pueblo mientras sus seguidores gritaban vivas a Don Mariano. (...) Diario de Pontevedra. El nuevo curso.


jueves, 2 de agosto de 2012

Mariano el ausente



Se extiende el pánico estos días entre los sectores más tradicionalistas de Pontevedra. Los rumores crecientes de que Rajoy (ellos le llaman simplemente Mariano) no pasará el verano en Sanxenxo (para ellos, Sangenjo) y por tanto no visitará nuestra ciudad con la regularidad acostumbrada, siembran el desconcierto y el caos.


Las mujeres prueban desganadas sus vestidos largos para acudir al baile de la Peregrina en el Liceo Casino. Los hombres planchan el filo de sus pajaritas y las solapas brillantes de sus smokings entre lágrimas desconsoladas porque Mariano, su socio más insigne, no acudirá este año. La crisis ya nunca se medirá aquí por la prima de riesgo, sino por las ausencias de Rajoy. Cada día que Rajoy no aparezca por Pontevedra aumentará el espanto. Lo cierto es que apenas un puñado de pontevedreses conocen a Rajoy en persona, sus amigos de toda la vida, pero aun así muchos hablan de él con tanta familiaridad que cualquiera diría que son sus hermanos. La devoción que sienten les lleva a conformarse con verlo, sin siquiera anhelar que alguien los presente. Lo ven a lo lejos, respiran profundamente, ponen ojitos, lo miran como si estuvieran ante el mismísimo Dios y dicen: “mira, ya llegó Mariano”. (...) Diario de Pontevedra. Mariano el ausente.



jueves, 19 de julio de 2012

Uno de tu tamaño



«Gobernar es saber medir las fuerzas propias. También las fuerzas del adversario, así como su capacidad de reacción». Esta famosa cita de Maquiavelo que me acabo de inventar sobre la marcha se puede plantear de otra manera que todos hemos escuchado alguna vez: «Métete con alguien de tu tamaño». Ir por la vida es en buena medida una cuestión de valor, y cuantas más responsabilidades adquiere uno, más se acentúa ese fenómeno. 


Rajoy, por ejemplo, se mete con los mineros, los funcionarios o los tetrapléjicos. Sabe que son más débiles que él y sobre todo que su respuesta puede ser ruidosa o mediática, pero no tendrá la suficiente fuerza como para debilitarlo tanto que tenga que retroceder o rendirse. Está dispuesto a aguantar media docena de huelgas y mil manifestaciones. 

Otra cosa y muy seria, sería meterse, por ejemplo, con la familia Fabra. Para eso ya no hay cojones en el mundo. Los Fabra podrían hacer más daño a Rajoy que todos los funcionarios del planeta echados a la calle sin paga extra de diciembre. Yo, por ejemplo, si fuera Rajoy tampoco me atrevería a sentarme frente a Carlos Fabra y decirle que quiero el acta de diputada de su hija Andreíta. Carlos Fabra acojona. Mirándote desde detrás de esas gafas oscuras y sabiendo que ha ganado más veces la lotería que un narco de Cambados, cualquiera se enfrenta a él. Tiene todo el aspecto de ser uno de esos que te dispara un tiro en cada rodilla si te metes con su familia. (...) Diario de Pontevedra. Uno de tu tamaño.



jueves, 12 de julio de 2012

El Efecto Zoltan

Decía Zoltan, aquel sabio húngaro que vino a morir reflexiva y pausadamente a Pontevedra, que adoraba la primera arquitectura románica, hecha en proporción a la humanidad, mientras que el paso del románico al gótico, presente en algunos tramos de la catedral de Compostela, tuvo una consecuencia nefasta, no en la belleza de sus formas, mucho más espectacular, sino en la desmesura de sus espacios, pues se comenzaron a construir los templos a medida de Dios. Eso, según Zoltan, no es un problema para Dios, a quien poco pueden preocupar las dimensiones de un templo, pero sí es un problema, y grave, para los poderosos que lo construyen, lo administran o simplemente lo utilizan, pues se endiosan en cuanto ponen un pie en el interior de uno de esos templos grandiosos o lo contemplan desde el exterior.
Ese efecto tan bien descrito por Zoltan es el que debió sufrir Rajoy al venirse corriendo a Compostela para devolver a la catedral el Códice Calixtino, como si lo hubiera encontrado él, o como si lo hubiese robado para esconderlo en un trastero, que tiene más mérito. Es el mismo efecto que experimentan los políticos en un campo de fútbol, que no deja de ser otro templo hecho a imagen y semejanza de los dioses para servir a esa nueva religión que es el fútbol. Así, también pudimos ver a Rajoy haciendo cola para ser entrevistado por Sara Carbonerocuando la selección ganó la final. Sólo le faltó aparecer con una camiseta sudada y declarar, justo antes de irse a bailar al vestuario, que a pesar de haber metido él los cuatro goles la victoria era de todo el equipo (...) Diario de Pontevedra. El efecto Zoltan.
http://diariodepontevedra.galiciae.com/nova/183364.html

jueves, 5 de julio de 2012

Pon a parir a Rajoy



Acabado el fútbol el otro día coincidí tras la gloriosa victoria con destacados militantes del PP local cuyos nombres no vienen a cuento, y hasta creo recordar que entre ellos se encontraba algún dirigente. Después de los comentarios de rigor sobre Sara Carbonero, la verdadera estrella de la Eurocopa, les transmití una preocupación, un resquemor que me reconcome: hace dos o tres semanas que no escribo sobre vosotros, dije, y la gente empieza a pensar que me escoro a la derecha, lo que no es conveniente para mi imagen ni mucho menos para la vuestra.
Comprendiendo mi desasosiego, comenzaron a proponer nombres de concejales del PP sobre los que todavía no he escrito. Begoña Laya, sugirió al fin uno. Creen que los conozco a todos, pero yo en ese mismo instante y hasta que llegué a casa y la busqué en Google, desconocía si Begoña Laya era una concejala, una joven gaiteira de moda o una marca de galletas artesanales. “¿Qué voy a escribir, que prefiero las Campurrianas?” Lo pensé pero no lo dije en voz alta porque para mantener mi creciente influencia necesito que crean que lo sé todo sobre política local, que es precisamente el tema que más desconozco, de ahí que escriba siempre sobre él. Cuando uno conoce en profundidad un tema pierde la perspectiva y con ella la objetividad. El columnista se distingue de toda la vida de Dios por escribir sobre cuestiones de las que no tiene ni puta idea, pero no era el momento de entrar en ese asunto (...) Diario de Pontevedra. Pon a parir a Rajoy.



jueves, 14 de junio de 2012

La felicidad




Mi percepción sobre Rajoy cambió radicalmente el pasado 29 de octubre de 2011. Ese día dio un mitin en A Coruña en el que prometió “devolver la felicidad a los españoles”. Hasta ese preciso instante sólo había dos tipos de personas que prometían la felicidad: el adolescente enamorado o el líder de una secta, quien inmediatamente después de prometer la felicidad a sus seguidores les pide que se suiciden porque una nave espacial viene a recoger sus almas para llevarlas a un planeta muy bonito.
Pero nunca hasta entonces un político había prometido la felicidad. Rajoy fue el primero. La osadía era tan obvia que uno pensaba: “o este tío es un genio o está como una puta cabra”, pero en cualquiera de los dos supuestos, mentía o decía la verdad. Yo, acostumbrado a que los políticos mientan, creí no obstante a Rajoy y lo hice por el simple motivo de que quiero ser feliz. Hasta el otro día estaba convencido de que Rajoy me iba a comprar la isla de Tambo y me iba a construir ahí un chalet en el que yo viviría con mi familia, y Pepe Solla vendría todos los días a traerme la comida. Lo creía porque confiaba en Rajoy y en su promesa de hacerme feliz y eso es lo que yo necesito para ser feliz. No creo que la idea que tiene Pepe Solla de la felicidad incluya llevarme la comida a mi chalet de Tambo a diario, pero ese no es mi problema. Es el problema de Rajoy (...) Diario de Pontevedra. La felicidad.

jueves, 12 de abril de 2012

El culto a Rajoy



Los llamados «cultos cargo» responden a un fenómeno que se da principalmente en algunas islas de Melanesia. Resumiendo, durante la Segunda Guerra Mundial, soldados ingleses y americanos llegaron a esas islas, cuyos habitantes nunca habían mantenido contacto con otras civilizaciones. Observaban perplejos cómo regularmente llegaban aviones que arrojaban suministros para los soldados. (...)  Diario de Pontevedra. El culto a Rajoy.



lunes, 21 de noviembre de 2011

El secreto de Rajoy


Con Rajoy se va a imponer una nueva forma de triunfar en política, que es la de tumbarte en un sofá a ver la vida pasar mientras todo transcurre ante tu absoluta indiferencia.

La principal actividad de Rajoy en los últimos ocho años y en los cincuenta anteriores ha sido ver el Tour de Francia, el Giro, la Vuelta, la liga de fútbol y los toros con un puro y una copa de brandy. Él ha sido el primero en entender que en política, cuando haces algo, corres el riesgo de equivocarte y eso se paga muy caro.

Anasagasti ha contado muchas veces que cuando en 2004 Aznar les mandó a Rajoy a negociar, éste se ausentaba a menudo. Dejaba en la mesa plantados a todos y desaparecía durante un par de horas. Los del PNV pensaban que Rajoy utilizaba esas ausencias para consultar con Aznar o comentarle el estado de la cuestión, hasta que en una de esas descubrieron que lo que hacía era irse a la habitación contigua a ver el fútbol. Aquellas negociaciones salieron bien, lo que demuestra que la táctica de Rajoy era la correcta.

Rajoy reconoció en una entrevista que no iba a preparar el debate con Rubalcaba y nadie se lo creyó, pero no mentía, como pudimos comprobar todos cuando lo vimos leer cada intervención. No se preparó el debate. Cogió a un becario de Génova: "chaval, escríbeme un debate que hoy juega Nadal". Y ganó el debate.

Lo mismo hizo con sus mítines. Leyó el mismo discurso una y otra vez y tras cien mítines lo seguía leyendo porque no se lo había aprendido. ¿Para qué, si estaba escrito? Dicen los maledicentes que Rajoy es un vago. Discrepo. No es un vago. Su trabajo, y lo hace muy bien, es ver deportes en la tele porque la experiencia le ha demostrado que así es como funcionan las cosas.

Ayer, su esposa Elvira (Viri para los pontevedreses) estaba con la mente en otro lado, que la vio España entera: "Tengo que comprobar si en La Moncloa tienen instalado el Canal +". Y mientras los acelerados seguidores celebraban la victoria coreando consignas, Viri no dejaba de pensar en el futuro: "Sí, que bote, que bote, socialista el que no bote, pero la que va a tener que aguantar a éste todo el día tumbado en el sofá viendo Teledeporte voy a ser yo".

viernes, 4 de noviembre de 2011

Rajoy nos hará felices



Rajoy llegó el otro día a A Coruña y prometió la felicidad. Después de la vida eterna es lo máximo que se le puede ofrecer a cualquiera.

Cada español va a tener que hacer cola, como en Bienvenido Mister Marshall, para pedir a Rajoy aquello que necesita para ser feliz. A Loquillo, por ejemplo, tendrá que regalarle un camión, pues es sabido que eso es lo a él le haría feliz.

Otros quieren amor. Eso ya lo ofrecen en Internet miles de páginas, pero ninguna de ellas garantiza el resultado como lo garantiza Rajoy.

Y es que para cada individuo la felicidad es algo diferente: hay quien para ser feliz necesita casar a su hija con un ingeniero; otros quieren un puesto de trabajo o un gramo de cocaína diario, o protagonizar una película con Nikole Kidman. Como Rajoy no puede ir preguntando a cada uno qué es lo que puede hacer por él, va y promete a todos la felicidad. No tengo noticia de ningún político que haya llegado tan lejos. Sí de algún líder religioso, lo que mete a Rajoy de lleno como un advenedizo en territorio ajeno. Hasta hoy aquí la felicidad sólo nos la prometía el cura. También es verdad que la Iglesia es mucho más cauta y lo que promete es que seremos felices después de muertos. Eso nos deja sin opción a reclamar si la promesa se incumple, pero la felicidad en vida, lo que es la felicidad en vida, nadie se había atrevido a ofrecerla, y eso convierte a Rajoy en un visionario o un loco.

Rajoy ganará las elecciones y las quejas comenzarán a llegar: "Sr. Rajoy. Es usted un mentiroso. Hace ya cuatro meses que es usted presidente y sigo esperando mi camión. Atentamente: Loquillo".

Yo conozco a una señora, por ejemplo, que es fan de Al Bano y Romina. Para ella la felicidad es un beso en la calle y otro en el cine. Es un paso que pasa y siempre regresa. Es nacer con la aurora hora tras hora. ¿Qué piensa hacer Rajoy para hacer feliz a esta pobre mujer? Lo digo porque ella lleva toda la semana convencida de que Rajoy pasará la vida con ella besándola en la calle y en el cine, caminando y luego regresando. Hasta ahí, Rajoy podría cumplir su promesa. Pero la señora está dispuesta a exigir nacer con la aurora hora tras hora. "Nadie le mandó prometerlo -dice- yo quiero nacer con la aurora hora tras hora y entre horas que Rajoy me bese en la calle y en el cine. Confío plenamente en él. Es un hombre de palabra".

jueves, 8 de septiembre de 2011

Las claves de la entrevista perfecta


Sé de pocos entrevistadores buenos, y ninguno de ellos ha hecho la entrevista perfecta. Oriana Fallaci se aproximó en alguna ocasión, mucho antes de volverse nazi.

Un periodista se desplaza a la sede de un partido para entrevistar al líder. Cree que va a hacer la entrevista de su vida. No se da cuenta hasta que la cosa acaba, pero tanto él como el entrevistado y los lectores saben de antemano cuáles son las preguntas y las respuestas. Tanto derroche inútil de tiempo y esfuerzo.

Ir con Rubalcaba o con Zapatero y preguntar sobre economía, pongo por caso, es una estupidez: en primer lugar porque ninguno de los dos tiene ni puta idea sobre economía; luego, porque la respuesta será invariablemente una mentira prefabricada. Y finalmente porque la economía española la dirigen los alemanes, que de siempre han sabido de esas cosas mucho más que nosotros, que somos más de echar la siesta que de echar las cuentas.

Lo que el periodista debería preguntar es si existe la vida extraterrestre, por ejemplo, o qué pasa cuando nos morimos. Una respuesta razonada sobre esos asuntos nos permitiría conocer al candidato mucho mejor que cuando habla de política. Y ya puestos, sería muy útil preguntar sobre lo que de verdad interesa a los españoles: "¿Cree usted, señor Rubalcaba, que la herida de Víctor Sandoval fue provocada por la picadura de una araña o si, tal como mantiene su ex-marido Nacho Polo, se autolesionó con un cortauñas?"

Y, ya que los políticos son mentirosos por definición, el entrevistador podría acudir con un polígrafo. No entiendo que en Telecinco, que tienen un almacén lleno de polígrafos, no los utilicen para entrevistar a un candidato: "A la pregunta de si considera que Belén Esteban es realmente la princesa del pueblo, el señor Rajoy ha contestado que no. Y el polígrafo determina (pausa dramática)... que miente".

Debería aprovecharse además para pedir a los políticos que muestren sus habilidades: "¿Sabe usted bailar? Pues baile, que yo lo vea". Y con pie de foto: "Esperanza Aguirre baila claqué sobre la mesa de su despacho".

Porque estudiar una carrera y encontrar un trabajo para acabar preguntando a un político sobre política es la peor manera de tirar toda una vida por la ventana. Y no puede haber nada más frustrante que la vuelta a casa.

- ¿Qué tal el trabajo, hijo?
- He entrevistado al alcalde.
- Ah, vaya, otra vez. ¿Qué ha dicho?
- Nada, como siempre.
- ¿Has cenado?
- Déjalo, mamá.