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sábado, 22 de diciembre de 2012

Mosquera y la crisis del PP



La noche del jueves, mientras el PP de Pontevedra se desmembraba, el alcalde Miguel Anxo Lores se lucía ante un grupo de periodistas. Hilvanando chistes y anécdotas como un maestro de la comedia y con todo el mundo tirado por los suelos, un alcalde pletórico escenificaba el que sin duda es el momento más dulce de su carrera política. 
Ese mismo jueves por la mañana, en el Pleno municipal, Jacobo Moreira rechazaba por enésima vez el pacto envenenado de Cesáreo Mosquera, que ofrecía volver a la situación anterior a la crisis de las dedicaciones. Moreira también insistía en volver a la situación anterior, pero por vía judicial. Mosquera, y ahora viene lo realmente interesante de todo el asunto, ha desarrollado un lenguaje onomatopéyico de la hostia. Por ejemplo, para exponer: “Señor Moreira, ofrecémoslle unha vez máis o diálogo para resolver esta cuestión”, lo que realmente dice es: “Señor Moreira, vostede co seu runrún, runrún, e o seu raca-raca, raca-raca”. Lo curioso es que ese lenguaje que ha inventado Mosquera lo entiende todo el mundo a la primera. Así, el propio Moreira va y contesta con toda naturalidad. (...) Diario de Pontevedra. Mosquera y la crisis del PP.


jueves, 4 de octubre de 2012

Mensajes


Anteriormente las campañas solían ser militares. La campaña contra los sarracenos, la campaña contra los franceses, la campaña contra mi sobrino que me quiere arrebatar el trono, y así. Era la manera de luchar por el poder y aunque el método ha cambiado no así el objetivo, que sigue siendo vencer al rival y a sus soldados, hoy llamados militantes, que es otra palabra con delicioso aire bélico. 

En esta campaña que va a empezar se vislumbran algunas estrategias muy militares: dividir al enemigo, por ejemplo. Eso es algo que todos han hecho tan bien que han aparecido opciones por todas las esquinas y ahora no saben qué hacer con ellas. 
Eso puede estar descolocando a algunos: en Intereconomía, que es mejor sitio al que uno puede ir a prometer cualquier cosa, Feijóo ha prometido que él no atracará supermercados con carritos. (...) Diario de Pontevedra. Mensajes.

jueves, 29 de marzo de 2012

Adiós, Telmo



Se va Telmo Martín de Pontevedra tal como vino: guapo y multimillonario. Pontevedra fue el gran fracaso de Telmo, al que nunca nada le había salido mal. Nadie le dijo que el PP de Pontevedra funciona por familias. Aquí en el PP se entra más por tradición que por convicción, como en las cofradías, y meter a Telmo de líder fue para las familias del partido como si viene un budista homosexual y casado a presidir la cofradía de Nuestro Padre Jesús con la Cruz a Cuestas. (...) Diario de Pontevedra. Adiós, Telmo.


lunes, 26 de marzo de 2012

Arenas, el eterno aspirante.


Tenía el pelo negro Javier Arenas cuando ya las encuestas le daban como ganador en Andalucía. Y desde entonces cada cuatro años se levanta un domingo de elecciones, prepara un discurso para proclamar su victoria, se viste de presidente y se dirige a la sede del PP andaluz.

De no ser por su pelo, que se ha vuelto blanco al mismo ritmo que el de Aznar se volvía melena, pensaríamos que el tiempo no pasa, que cada vez que hay elecciones en Andalucía todo se para y vuelve a empezar en un bucle interminable. Enternece ese empecinamiento en querer ser lo que su pueblo no quiere que sea. Mientras él se disfraza de presidente por un día de cuatro en cuatro años, una vez tras otra los andaluces le niegan el cargo con la misma persistencia.

Javier Arenas no ha ganado unas elecciones en su vida desde que empezó su carrera política con la UCD. Tampoco ganó estas últimas: ser la fuerza más votada contra una coalición que suma más votos es una derrota como otra cualquiera. Arenas es el eterno segundón al que un día hicieron ministro como premio a sus fracasos. La política española siempre ha estado repleta de ministros que quisieron ser presidentes autonómicos. La derrota se premia como un valor en alza.

El eterno aspirante acabará sonado, como esas grandes esperanzas blancas del boxeo que terminan sus días contando todos esos combates que estuvieron a punto de ganar. A su edad sigue siendo una promesa. Un político que, a pesar de haber cosechado tantas derrotas como campañas ha hecho, sigue inexplicablemente empeñado en presentarse. Nadie se atreve a decirle que lo deje, que nunca ganará, que es el político en activo que tiene más medallas de plata y ninguna de oro.