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lunes, 6 de mayo de 2013
Carta a Miguel Filgueira
O outro día vinte. Eu viña de ver os maios, creo. Todos os anos vou velos á Ferreiría e aos quince minutos de chegar recordo que me aburren. Aos maios habería que darlles unha volta, non sei, facelos máis entretidos. Quizais dotalos dun aire máis roqueiro: en lugar de saír os nenos recitando esas coplas antigas mentres entrechocan os paus, poderían subir ao escenario e arrancar dun bocado a cabeza dun morcego vivo, en plan Ozzy Osbourne. Iso non o teño moi claro aínda, pero déixoche caer a idea por se queres trasladarlla a Demetrio, o meu segundo concelleiro preferido (agora Ana Isabel é a terceira). Pois aos maios, dicíache, fáltalles un algo. As tradicións pérdense se non se actualizan.
Perdoa o inciso. Estabas, dicía, sobre unha moto. Conxelóuseme o espírito: levabas un casco cibernético en plan Blade Runner que seguramente che proporciona, ademáis da seguridade regulamentaria, outro tipo de vantaxes, coma conexión a Internet e auga potable.
Saudáchesme: “Ata logo, Cota”. Segue lendo en Diario de Pontevedra. Carta a Miguel Filgueira.
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viernes, 2 de noviembre de 2012
El escribano palustre
Nadie habla de lo más destacable del último pleno, el
escribano palustre, porque la prensa está vendida a la oligarquía y nos distrae
con cortinas de humo que ocultan la verdadera información. Claro, luego tiene
que venir alguien libre como yo, a quien la oligarquía no ha decidido comprar
de momento, para contar las verdades. Y la verdadera noticia no es que Louro
llamara carroñero a Jacobo Moreira, que eso ya no es ni noticia. “Carroñero”
es el insulto oficial en el Concello y de tanto usarlo acabarán convirtiéndolo
en un título honorífico. Salió Moreira buscando el cuerpo a cuerpo contra todo
lo que se movía por el teatro. Empezó a lanzar hostias por doquier, nombrando
en el mismo discurso a Beiras, a un Luís Bará sorprendido porque el tema no iba con él; al alcalde Lores, que lo miraba por encima de las
gafas; a Raimundo, a Louro, a todos. Yo pensé que en una de
esas Moreira se iba a levantar para venir a por mí a provocarme, y ahí estaba
yo todo acojonado, revolviéndome en el asiento: “Si me provoca le meto una
patada en los huevos”.
La verdadera noticia aquí, la información que nos oculta la
prensa entregada al poder es el caso del escribano
palustre. El PP expuso con rotundidad lo que considera un problema de envergadura
sin igual. Y lo único que consiguen con eso es complicarnos la vida. Cuando no
sabíamos del escribano palustre vivíamos en la ignorancia, ya, pero ahora
tenemos una nueva preocupación.
El encargado fue Argenti,
quien arrancó pidiendo protección para el escribano palustre. Hablaban sobre no
sé qué del puerto de Marín y Argenti
se puso muy serio y dijo: “Hay que proteger al escribano palustre”. Los
concejales se miraban unos a otros y sacaban sus dispositivos para buscar en
Internet al escribano palustre. Yo pensé en principio que el escribano palustre
es algún trabajador del puerto, un secretario mal considerado o algo similar:
“Que se presente el escribano palustre, que quiero dictar una carta”. Pero
resulta que no, que es un bicho, un pájaro que seguramente está hasta los
cojones de que le llamen así y por eso está en peligro de extinción en esta
zona. Si yo soy un pájaro y alguien me llama escribano palustre hago las
maletas, cojo a mi familia y me largo a vivir a otro puerto donde me respeten:
“Escribano palustre será tu padre”.
Debe quedar sólo un escribano palustre, porque Argenti se
refería a él en singular: “el escribano palustre”. No sé para qué queremos en Pontevedra un escribano palustre, que
no sirve para nada. El concelleiro Filgueira
debería coger su bicicleta, buscarlo y pegarle un tiro en la cabeza. Asunto resuelto.
El futuro de nuestra ciudad no puede depender de un pájaro. Tenemos suficientes
problemas como para ponernos ahora
proteger al puto escribano palustre.
Publicado en Diario de Pontevedra el 1-11-2012
Publicado en Diario de Pontevedra el 1-11-2012
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