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domingo, 13 de septiembre de 2015

La vía láctea gallega



Se quejaba en 1550 el Licenciado Molina de que Galicia tenía tantos ríos que era imposible incluir la mayoría de ellos en su ‘Descripción del Reino de Galicia’. El hombre recorría el reino y solamente veía agua. “Por ninguna parte de Galicia podemos ir que no vayamos por arroyos y fuentes y otras aguas”. Decía también que en los montes había abundancia de vacas bravas, “que para cazarlas es menester gran industria y lazos como para cualquier otra caza”. Obsérvese que cuando dice “cazarlas” quiere decir “capturarlas”, pues matar a una vaca es más bien fácil y para ello no hace falta lazo. Cuando lo que se quería de una vaca era su carne o su piel, se la mataba; cuando  se necesitaba para el trabajo del campo o se buscaba su leche, había que capturarla.

Así comprobamos que hace cinco siglos un litro de agua era más barato que uno de leche. Las razones de que hoy eso ya no sea así pueden deberse a muchos factores, pero principalmente hay uno: la leche ha dejado de protegerse. En nuestro país hasta hace bien poco el ganado se preservaba hasta con la vida. En 1658 según nos cuenta Fray Felipe de la Gándara en ‘Nobiliario, triunfos y armas de Galicia’, y en medio de una guerra contra Portugal, uno y otro bando tenían más interés en robar las vacas del contrario que en matar a sus soldados. Así sabemos, por ejemplo, que tras diferentes combates en los que sobre todo secuestraban vacas, “sacaron los enemigos a pastar el ganado que tenían en Salvatierra, tuvo noticia de él la gente del presidio del Castillo de Aytona y les cogieron 30 bueyes y vacas y degollaron seis hombres, que estaban de guarda del ganado”. El cronista, por muy fraile que era, daba más importancia al robo de las vacas que al asesinato de las personas que las cuidaban. Los seis pastores eran perfectamente reemplazables; las vacas no tanto. La vida del pueblo gallego dependía en gran medida del buen estado de sus vacas, un sector que siempre se ha tenido por estratégico.

Poco antes del suceso de Salvaterra, concretamente en 1628, el Consejo del Reino ordenaba una exención de impuestos para los transportes de ganado. Lo hacía solamente para gallegos y asturianos, razonando que “en el reino de Galicia y principado de Asturias se cría gran cantidad de ganado, y por ser mucha la distancia y la gente pobre”. Se entendía que si los productores de estas tierras tenían que pagar por acudir a ferias de ganado a comprar o vender sus vacas, la cría de vacuno y la producción de leche y derivados serían insostenibles.

Es especialmente esclarecedor y tristemente de rabiosa actualidad un estudio escrito en 1802. Se titula ‘Memoria sobre los ganados de Galicia, considerados relativamente a la economía política’. Refiriéndose a la vaca gallega, dice, “nada hay más digno de la protección del Gobierno. Proporciona los abonos que la tierra necesita; regala la leche, el queso y la manteca, que aminoran el gasto del pan”. Se habla, ya entonces, de los abusos de los distribuidores “que en el bagaje se cometen en beneficio de los más acomodados y son víctimas los más infelices, que a veces pierden en las jornadas sus medios de subsistencia”. Se pedían entonces exenciones de impuestos y “leyes sabias”, que libraran a los productores de leche de los numerosos obstáculos que soportaban. Alguien debió hacer caso, pues en 1860 en el ‘Diccionario de bibliografía agronómica’ se hace referencia al texto y se dice que buena parte de aquellas demandas se habían atendido. Luego se desatendieron.

“Nós somos nós e as nosas vacas”. Es una acertada frase del comunicado leído por Xabier Fortes hace un par de meses en una concentración masiva en defensa del sector lácteo. “En quien siempre ha creído el gallego es en la vaca”, dijo Manuel Rivas. Los gallegos siempre hemos sabido proteger nuestra leche, porque de ella ha dependido la vida: “A vaca é a ama de cría da humanidade”, decía Castelao. “A vaca é o símbolo da paz”.

Según escribió Pascual Madoz en 1850, los primeros filólogos que estudiaron el origen del topónimo Galicia le dieron raíces griegas y sostuvieron que su procedencia estaba en la palabra leche (gála). El error lo cometieron, según Madoz, al atribuir ese origen al modo de vivir que tenían sus habitantes, siempre pegados a sus vacas.


A pesar de todo ello, hay quien sostiene que si las explotaciones ganaderas gallegas no son rentables, bien pueden cerrar. Hay más leche en Europa. Aplicar descarnadamente las leyes que permiten adulterar los precios, convertir la leche en un reclamo de gran superficie, pagar a un ganadero menos de lo que le cuesta producir es un insulto a esta tierra. Creer que el futuro de este país puede darse sin sus vacas es negar la esencia y el espíritu del pueblo gallego. Si algo nos ha demostrado la historia de Galicia es que todo va y viene, abre y cierra, pero las vacas siempre han estado y siguen ahí, nunca han fallado. Conforman una vía láctea que nos conduce a través del tiempo, que nos conecta con nuestros ancestros y nos dirige al futuro. Volviendo a Castelao, también dijo que “o día que seipamos o que val unha vaca, Galiza quedará redimida”. Sin embargo, hoy mismo es más caro en Galicia un litro de agua que un litro de leche.

lunes, 29 de julio de 2013

Estar o no estar




Hace más de cien años que se marcó la distinción entre la prensa normal y la prensa amarilla. Desde entonces los lectores, principalmente los del mercado anglosajón, deciden libremente si quieren comer gato o quieren comer liebre. Y allí el amarillismo no tiene nada de malo. Sus consumidores siguen orgullosamente a los medios amarillos, entre otras cosas porque unos y otros son legión. 

Lamentablemente, en España nunca se ha establecido esa diferencia. Los medios se definen aquí como prensa de la seria y el amarillismo se lo lanzan unos a otros a la cara como un insulto. Pero al mismo tiempo, de vez en cuando, aunque sea sólo durante un día, deciden cruzar la línea alegremente pegando un salto al amarillismo. El periódico que pone en su portada la fotografía en primer plano de personas muertas o agonizando, por ejemplo. O el que haciendo una interpretación libre de una nota de agencia se refiere al suceso como un “atentado”. Y las cadenas de televisión que convierten a sus tertulianos habituales en expertos en asuntos ferroviarios que dan lecciones magistrales sobre trenes, vías, trazados, velocidades óptimas y sistemas de seguridad mientras consultan desde el móvil a sus fuentes más fidedignas, que suelen ser tuiteros furiosos. Una tragedia como la que se está viviendo merece un tratamiento informativo mínimamente respetuoso. Lo merecen las víctimas y sus familiares y lo merece el público. (...) Texto completo en Diario de Pontevedra. Estar o no estar.



lunes, 5 de septiembre de 2011

Manuel Fraga


Recuerdo una columna firmada por Segundo Mariño, seguro que a finales de los ochenta y puede que en Faro de Vigo. Mariño, que fue maestro de periodistas y uno de los primeros que en Galicia abrió las ventanas de las redacciones para meter aire limpio, escribía aquel día sobre Fraga. Fraga presumía de honrado y decía Mariño que eso no era una virtud, sino una condición exigible a cualquiera, y que si la mejor cualidad de Fraga era su honradez, tampoco era gran cosa.

Casi treinta años después, aquella columna del gran Segundo Mariño podría volver a publicarse sin cambiar ni una coma, pues por desgracia mantiene toda su vigencia. Fraga se va como vino: viejo, honrado y en blanco y negro.

A mí Fraga siempre me pareció más que nada un personaje antiguo. Lo que más recuerdo de él son dos imágenes tomadas antes de nacer yo: una con bombín, cuando era embajador en Londres y quería ser Churchill, y su baño en Palomares la otra. Dos estampas que ya en su tiempo eran anacrónicas.

En la primera, la del bombín, de cuello para arriba tiene más parecido con un indígena boliviano perdido en Londres que con el propio Churchill, que era un tío que sabía llevar bombín; en la de Palomares, sin embargo, parece exactamente lo que es: un ministro de España que en lugar de liarse a bofetadas con quien acaba de perder varias bombas nucleares en las costas de Almería, retoza en el agua con él.

En Galicia deja Fraga su magna obra: la Cidade da Cultura, un proyecto mastodóntico que quedará por siempre inacabado e innecesario, fiel reflejo de su autor. Fraga, como su ciudad, nunca llegó a ser lo que quiso ser. Quiso ser demócrata mientras se proclamaba propietario de la calle y nadie se lo creyó; quiso presidir España y acabó en Galicia construyendo una ciudad fantasma. Quiso trabajar hasta el último día de su vida y  ahora lo convierten en pensionista. Eso sí, honrado hasta la muerte.

jueves, 25 de agosto de 2011

Los catalanes y el AVE gallego


Los catalanes han puesto sobre la mesa, a cuenta de las obras del AVE a Galicia, dos de los tópicos más odiosos que conocemos: los gallegos no necesitamos el AVE, que total para qué si nunca sabemos si subimos o bajamos y los catalanes son unos tacaños.

Estos catalanes son unos privilegiados que ejercen de hermanos mayores que nunca sueltan un juguete hasta que se les estropea o consiguen uno nuevo. Que se recuerde, nadie se quejó cuando a ellos les construyeron su AVE, ni nadie preguntó cuánto costaba. Son de esos que no quieren para los demás lo que tienen ellos. ¿Para qué demonios necesitamos gallegos o extremeños un AVE como el suyo? Ellos son catalanes, la crema de Europa, y creen que los demás somos unos paletos que a fin de cuentas siempre hemos estado aislados y nos ha ido tan ricamente.

Desde que Fernando el Católico entregó el reino de Aragón a su esposa y prima Isabel, el regalo de boda más caro que ha dado nadie jamás, pasan factura todos los días. A fin de cuentas, tanto la que monta tanto como el que tanto monta eran de origen gallego, y quizás por ello los gallegos sufrimos siglos después las consecuencias de aquella nefasta boda. Pues que Fernando de Trastámara se hubiera casado con una payesa, no te jode.

Ellos, que siempre van en cosas de infraestructuras medio siglo por delante de nosotros, piensan que es así porque se lo merecen. Pues no. Si a los demás se nos hubiesen dado desde siempre las mismas oportunidades que se les han dado a ellos y hubiéramos podido competir en igualdad, quizás Gaudí se hubiese tenido que ir a construir sus casas frikis a Senegal. Que lo único que han hecho por nosotros en las últimas décadas es mandarnos al hortera de Dalí, a Peret, a La Trinca y al Chaval de la Peca, que no tuvieron ni la decencia de guardárselos para ellos.

miércoles, 17 de agosto de 2011

El regalo de Alexandre Bóveda



Alexandre Bóveda tuvo la opción de vivir. La noche antes de su arresto, que pasó en casa de su suegro, Gerardo Álvarez Limeses, amigos y familiares le pidieron que huyera. No lo hizo.

¿Quién me va a querer matar a mí?, preguntaba días antes a su mujer, cuando ella compartía sus temores. Alexandre Bóveda sabía de sobra quiénes y por qué iban a querer matarlo. Sin embargo, a pesar de su juventud, de su cómoda posición social, de su esposa y de sus hijos, Bóveda eligió la senda del héroe.

Su negativa a escapar, a esconderse, la entereza con la que se enfrentó al juicio esperpéntico, el orgullo con el que declaró que estaba dispuesto a morir y que entendía su muerte como un sacrificio a su patria, Galicia, todo ello es lo que convierte a Bóveda en el emblema de la Galicia mártir, aquella que luchó y murió en busca de una patria.

Hay en la muerte de Bóveda algo especial. Bóveda no muere acusando a sus verdugos, sino pidiendo el perdón para ellos. Bóveda, de una manera totalmente consciente, hace de su asesinato un símbolo de grandeza.

Hay en ello además una señal. La visión de un hombre que sabe que el tiempo pasa, pero no olvida; el mensaje a las generaciones venideras y la certeza de que tarde o temprano, cuando sea, otros recordarán ese genial destello de grandeza e inteligencia. Bóveda sabía, cuando se negó a escapar, cuando se ofreció a sí mismo como pieza de sacrificio, que una patria no se consigue en dos días, y que las ideas pueden cambiar o perderse, pero los símbolos y los gestos perduran y crecen.

Bóveda hizo a Galicia el mejor regalo que un país puede recibir.


lunes, 1 de agosto de 2011

Galicia nación


Durante las dos últimas décadas, el BNG ha alcanzado un porcentaje de votos que fluctúa entre el 15 y el 20% del electorado gallego. Eso no significa que ese porcentaje sea el de nacionalistas gallegos. Creo que los nacionalistas gallegos son muchos más que ese 15 ó 20%. El habitual error de interpretación se explica porque el BNG, a pesar de sus frecuentes luchas internas, supone la única opción nacionalista sólida en el espectro político gallego. Si un bloque frentista entre cuyos grupos se encuentran algunos que a estas alturas todavía propugnan el marxismo-leninismo como ideal político consigue ese porcentaje, ¿cuál sería el potencial del nacionalismo gallego si incluyese ofertas progresistas y/o socialdemócratas; de centro y/o de derecha?

Mientras en Cataluña o Euskadi los nacionalistas tienen dónde elegir, y aún así apenas suman -entre todos los partidos nacionalistas- porcentajes que a duras penas doblan a los mejores obtenidos por el nacionalismo en Galicia, muchos nacionalistas gallegos se ven abocados a elegir entre un BNG con cuya ideología no comulgan y otras opciones cuyo españolismo tampoco comparten.

Galicia jamás podrá plantearse un futuro como nación mientras no sea capaz de conformar una oferta nacionalista más amplia. Eso lo saben en el BNG, pero están demasiado ocupados en la autocomplacencia y las luchas internas como para propiciar o incluso favorecer la aparición de nuevas opciones. Es un sacrificio que no están dispuestos o no se consideran obligados a hacer. Todo nacionalista fuera del BNG que ha asomado la cabeza en las últimas décadas ha sido decapitado, bien por el BNG, que ha aglutinado a la izquierda nacionalista, bien por un PP que ha hecho creer que el "galeguismo" con el que se disfrazan algunos de sus líderes colma las aspiraciones de todo nacionalista que no es de izquierdas.

Pero como estrategia a medio plazo, el único medio por el que Galicia puede atisbar un horizante en el que la independencia sea una meta asequible, es la creación de oferta nacionalista. Puede que acabáramos sorprendiéndonos de la cantidad de nacionalistas que hay en Galicia.

No es mi objetivo el de llegar hoy y aquí a las razones históricas y actuales que soportarían una Galicia nacionalista o independentista. Sólo señalo lo que me parece una obviedad de diccionario: mientras exista una única opción nacionalista, Galicia no será formalmente una nación. Nunca.

Y esa nueva oferta nacionalista debería salir primero del BNG y luego de las otras formaciones, PSdeG-PSOE y PP, entre cuyas filas se encuentran líderes de los que me consta que se sienten tan nacionalistas como el que más, pero no cuentan hoy por hoy con un espacio propio.

Uxío Novoneyra hablaba hace décadas de un nacionalismo defensivo. Defensivo y pacífico, que nadie se engañe. Ese nacionalismo defensivo se ha situado en el mapa. Quizás sea el momento de poner en marcha una ofensiva nacionalista. De las tres comunidades -o países- que cuentan con alto porcentaje de voto nacionalista, Galicia siempre ha sido el que ocupa el furgón de cola. Por algo será, pero no por falta de nacionalistas.

miércoles, 13 de julio de 2011

La muerte del Conde de Altamira



Rodrigo de Moscoso y Osorio, al que algunas genealogías nombran como Rodrigo Osorio de Moscoso), algo habitual en la época, fue III Conde de Altamira. Su fecha de nacimiento se fija hacia 1464.

Miembro por los cuatro costados de los mejores linajes del Reino de Galicia, fue un esforzado caballero que participó en numerosas batallas de las que invariablemente salió victorioso. Y deseando continuar con sus servicios a la Corona y a la cristiandad, animado por una beata a la que conoció en Castilla (otros dicen que en Sevilla), decidió ponerse a las órdenes del inquisidor Cardenal Cisneros y participar en la conquista de Orán, en Argelia.

Sobre la beata que convenció al conde de Altamira no existen datos que nos desvelen su nombre, pero dice Vasco de Aponte, quien escribió pocos años después de los sucesos:
"(...) fue a topar a Castilla con una beata que la tenían por santa, no sé si lo era, pero él dióle crédito a su consejo (...)"
Así, volvió Rodrigo Osorio a Galicia, compró una nao y se embarcó con sólo doce hombres hacia Orán. Al poco de salir, según unas fuentes a causa de la marejada y según otras porque se perdieron, regresaron a puerto. Pero el bravo caballero insistió y finalmente consiguió llegar a su destino, donde se dice que tuvo un papel destacado en la conquista de Orán.

Poco después,  iba un día de 1509 (1510 según algunos), Rodrigo Osorio de Moscoso (o Moscoso de Osorio) caminando por el campo cuando a uno de aquellos gallegos que llevaba consigo se le disparó una ballesta, hiriendo al conde en una pierna. El criado, viendo lo que había hecho y temiendo las represalias por su descuido, echó a correr y nunca más se supo de él.

Aquella herida, bien por una infección o por la sangría, mató al conde de Altamira, cuyo cadáver fue devuelto a Galicia en una urna.

¿Cuál es la moraleja de esta historia? La verdad, no tengo ni idea. Quizás que si vas a conquistar Orán inducido por una beata, lo que ya no parece una gran idea, cuídate de tus ballesteros.

viernes, 15 de octubre de 2010

Sanjurge clavado a su caballo.


Sucedió durante la expedición que, al mando de Hernando de Soto, se ocupó de explorar la Florida y muchos otros de los actuales territorios de los Estados Unidos. Quien se encargó de contarla fue Inca Garcilaso de la Vega, uno de tantos cronistas de Indias, mestizo hijo de padre extremeño y madre peruana, princesa para más datos.

Formaba parte de aquella expedición:
"(...) un soldado, natural de Galicia, llamado Sanjurge (...), y por haber sido hombre notable, será razón digamos algunas cosas suyas (...)"
Pero antes de proceder a contar la historia de Sanjurge, advierte el Inca Garcilaso que la somete a la consideración y corrección de la Santa Madre Iglesia, se declara catolicísimo  (que es mucho más que católico)  e indigno hijo de la misericordia de Dios, como tú, querido/a lector/a. Y ya curado en salud, comienza Garcilaso con el extraordinario relato:
"Yendo Sanjurge  por medio del arroyo, le tiró el indio de entre las matas un flechazo, tan recio, que le rompió unos calzones de malla, y le atravesó el muslo derecho, y pasando las tejuelas, y bastos de la silla, llegó a herir al caballo con dos dedos de flecha. El cual salió corriendo del arroyo a un llano, echando grandes coces, y corcobos, por despedir la flecha, y a su amo, si pudiera."
Así, Sanjurge quedó literalmente clavado a su caballo. Los compis de Sanjurge cogieron al animal (el caballo) y lo llevaron al cuartel, que estaba cerca, donde consiguieron levantar un poco el muslo del gallego y cortar la flecha. Una vez hecho eso, dejaron a Sanjurge allí tirado, en el llano "a beneficio de su habilidad". Ya dos veces anteriormente había sido herido, una en un pie, que tardó cuatro meses en curar y otra en una rodilla.

Cuando la herida de la rodilla, se le había quedado allí clavada la punta de una flecha. El cirujano que se la extrajo le causó tal dolor que Sanjurge prometió que se dejaría morir antes de que ese tío le intentara curar otra herida. Por su parte, el ofendido cirujano contestó que efectivamente, de darse el caso, dejaría morir al caballero gallego sin tratarlo.

El cirujano y Sanjurge tenían otro motivo de discordia, pues Sanjurge practicaba el intrusismo. Curaba heridas:
"(...) con aceite, lana sucia y palabras que llamaba de ensalmo, que en este descubrimiento había hecho muchas curas de grande admiración, que parecía tener particular Gracia de Dios para ellas (...)"
Resulta que durante una batalla anterior se habían quemado el aceite y la lana sucia, por lo que Sanjurge había tenido que interrumpir su actividad como curandero, que imaginamos no debía ser muy del agrado del cirujano.

Así, tenemos a Sanjurge abandonado a su suerte. Ni él quiso llamar al cirujano ni el cirujano acudir en auxilio del herido, lo que demuestra que ambos eran hombres de palabra. Sanjurge decidió curarse a sí mismo. Y sigue  el cronista:
"(...) y en lugar de aceite tomó unto de puerco, y en lugar de lana sucia las hilachas de una manta vieja de indios, que muchos días había que entre los castellanos no había camisa ni cosa de lienzo. Y fue de tanto provecho la cura que se hizo que (...) al quinto día, caminando los nuestros, Sanjurge subió en su caballo, y para que los españoles viesen que estaba sano, corrió por un lado y otro del ejército (...)"
No contento con eso, para asombro de todos sus compañeros y rabia del cirujano, Sanjurge se armó de chulería, y mientras cabalgaba ante ellos, gritaba:
"¡Dadme la muerte, cristianos, que os he sido traidor y mal compañero, que por no haber yo querido curar, entendiendo que la virtud de mis curas estaba en el aceite y la lana sucia, he dejado morir más de ciento y cincuenta de los vuestros!"
El eufórico Sanjurge debió convencerse, a juzgar por su razonamiento, de que su talento como curandero no dependía de la terapia, que tanto daba aceite que unto de puerco. Era un don divino, aderezado con aquellas "palabras que llamaba de ensalmo", y así lo debieron aceptar los demás, hasta hacer decir a Inca Garcilaso que "parecía tener la Gracia de Dios".

No existen más referencias a este caballero gallego, o si existen yo no las he encontrado. Pero quedémonos con Sanjurge, el hidalgo curandero que quedó clavado a su caballo, que por cierto también se curó en cinco días. La crónica de Inca Garcilaso de la Vega sobre la expedición de Hernando de Soto podemos leerla en magnífica edición de 1722.



Hernando de Soto es el gallardo señor cuya imagen preside este texto, que amenizamos con música del genial humorista y cantante mexicano Eulalio González "Piporro". La canción: "El Cascarazo" ¿por qué? No lo sé.

jueves, 25 de marzo de 2010

Lo que el planeta debe a los gallegos.




Ya he dicho alguna vez que los gallegos tenemos que ir por la vida pidiendo perdón por ser como somos. Nuestras casas no gustan. Si fuéramos de otro país, comunidad o región, a nuestro estilo arquitectónico le llamarían eclecticismo catalán o versatilismo andaluz, pero como somos gallegos se le llama directamente feísmo gallego. También tenemos que pedir perdón por nuestro acento. Los actores gallegos que trabajan en producciones españolas deben aprender antes que nada a perder su acento, pues en el resto de España nadie se cree que un gallego pueda ser, por ejemplo, ingeniero. Y tenemos un problema, parece ser, con nuestra producción ganadera. En cuanto llegamos a Valladolid o más allá y reconocen nuestro origen (por el acento) nos preguntan cosas como dónde dejamos nuestra vaquiña. Dicen así, "vaquiña", y lo dicen en el mismo tono en que uno se dirige a un niño de cuatro años. Si es una mujer, además, muestran sorpresa porque no vista de negro de pies a cabeza, pañoleta incluida; en América tenemos fama de tontos, y cuentan chistes de gallegos, algunos muy graciosos. No es que parezcamos tontos, o paletos. Simplemente, somos un pueblo estereotipado.

Y sucede que el mundo no tiene ni idea de cuánto nos debe a los gallegos. Los Trastámara, por ejemplo, que fueron durante siglos reyes de Navarra, de Castilla, de Aragón y de Nápoles, eran de procedencia gallega. Prácticamente todas las casas reales europeas, por entronque, tienen algo de sangre Trastámara. Los Reyes Católicos, sin ir más lejos, eran Trastámara los dos.

También producimos dictadores. No nace uno todos los días, pero probablemente hemos dado al mundo más dictadores que ningún otro lugar de la galaxia. Franco o Fidel Castro, por ejemplo, son gallegos, y nadie nos lo agradece. Si hiciéramos un listado de todos los dictadores de América, veríamos, por el apellido, que una buena parte de ellos tienen origen en Galicia. Igualmente hemos dado a América unos cuantos presidentes democráticos, pero eran la mayoría de baja calidad y solamente duraban hasta que venía un dictador gallego y tomaba el palacio

Luego, hicimos el futbolín, que sigue compitiendo dignamente con Super Mario y con el billar, que es una porquería de juego en comparación. Millones de personas juegan cada día al futbolín y no se acuerdan de nosotros. Lo mismo se podría decir de la calculadora. La inventó un gallego que no quiso siquiera comercializarla. Dijo que simplemente la había hecho para demostrar precisamente que los gallegos no somos tontos y estamos capacitados para crear cosas. El prototipo es hoy propiedad de IBM.

Y cantantes, como Julio Iglesias, Julio Iglesias Jr. y Enrique Iglesias. O la jueza de la Corte Suprema de EEUU, Sonia Sotomayor, puertorriqueña de origen gallego como todos los que llevan su apellido.

De todo ello no hemos sacado nada a cambio. Ni siquiera un reconocimiento o una palmadita en la espalda. Como mucho, Amancio Ortega, el dueño del imperio Zara deja en Arteixo, su pueblo, una parte  de sus ganancias, lo que es de agradecer, y da trabajo a muchos gallegos. Pero fuera de eso, nada de nada.

Cuando veas a un gallego, no le preguntes por su vaquiña.  Hazlo por tu bien, no sea que se trate de un dictador y os haga fusilar a ti y a toda tu familia. Piénsatelo.

Ilustramos con vaca gallega y fondo de feísmo. Obviamente, la canción la pone Julio Iglesias. "Un canto a Galicia". Hey.